sábado, 13 agosto 2022
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Semana Santa: variopintos usos de la túnica y el capirote

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EN EL LÍMITE ENTRE EL APLAUSO Y LA SANCIÓN

Hoy no dedicaré palabras de nostalgia a un Martes Santo triste por múltiples razones. Prefiero hablar de extraños desfiles procesionales.

Y es que me confieso una persona que no ve la televisión. Tampoco sou oyente de radio, pero prefiero esta última al parecerme un medio en la que la comunicación pusiera ser más veráz, quizás ello se deba a que no contemplo las expresiones del rostro de quien se dirige a mí para informarme o mentirme.

Pero he dicho que iba a hablar de cofradías. No he podido abrir algunos de los «wasap» que me han enviado amigos para que me anime, cómo si eso fuera posible con la que está cayendo. Debo reconocer que lo han conseguido.

Las procesiones improvisadas de algunos sanitarios como los del Hospital Virgen del Rocío conformando tramos de penitentes con batas verdes y mascarillas como resumen de túnica y antifaz respectivamente, separados por insignias de cartulina con mensajes de Esperanza y ánimos, entrando en la Carrera Oficial de los pasillos, me han emocionado.

También han despertado similar sentimiento entre un público enfervorecido que aclamaba el derroche del desfile con aplusos, lágrimas o simples gestos con las manos desde sus camas, convertidas en palcos o tribunas.

Otras procesiones me han parecido sencillamente ingeniosas. Deslizar un pasito de palio de balcón en balcón mediante un ingenioso sistema de poleas no deja de ser una curiosidad entrañable. Más arriesgadas han sido las creaciones de misterios y palios que han procesionado sobre el robot de limpieza haciando las debidas paradas en los rincones de la casa como si de estaciones del Vía Crucis se tratase.

Los más clásicos han optado por utilizar el mundo playmobil paradar rienda suelta a su imaginación. No hat duda de que en España somos únicos a la hora de crear.

Ahora bien, también he asistido, impertérrito, a otra serie de manifestaciones presuntamente religiosas que además de constituir fantochadas, creo que deberían ser penadas. No es delito vestise con el hábito y antifaz de una hermandad y rezar con el. De ahí a utilizarlo como disfraz, hay un trecho.

Salir vestido de nazareno o de penitente para realizar la pertinente estación de penitencia en el camino de baldosas de terrazo para quedarse satisfecho con la hazaña puede quedar silenciado con la conciencia de cada uno en su ejercicio de su libertad. Si con ellas se realiza un ritual grotesco de balcón para divertir al prójimo ya estamos saliéndonos del tiesto y desvelar el anonimato roza con lo grotesco. Claro está que el anonimato queda anulado en cuanto todos los vecinos saben que el mamarracho de turno es fulanito o pepito.

Bien. Libertad de culto entendida de aquel modo… juzguen ustedes.

Lo que no consigo comprender es que algunos individuos, mamarrachos de primer orden (que no tontos de capirote) salgan a pasear a su mascota con los colores y escudo corporativos. Quizás ignoren que las hermandades, para llegar a constituirse como tales, han debido redactar y recibir la aprobación y sanción de las mismas en un complejo proceso que no debe caer en el olvido. En ella se recogen las normas de comportamiento en una estación de penitencia y en el uso de unas prendas con un significado que va más allá del meramente atribuido a unas prendas de una u otra tela, de uno u otro color.

Llevar el escudo de una hermandad significa un compromiso ético con la misma, compromiso que los miembros de las Juntas de Gobierno deben aolicar punitivamente so pena de perder el prestigio que pusieran haber alcanzado. Como no hay cuidado en mantener el anonimato, la misma mascota será la prueba del crimen.

Ahí quedó. En cualquier caso, por favor, que la vuelta a casa, ya sea por cuestiones de salud pública o por vergüenza, que se realice, por favor, por el camino más corto.

Francisco Javier Torres Gómez

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