jueves, 4 agosto 2022
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Sevilla.Semana Santa. Ni las tinieblas pueden con Tu Soberano Poder

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Jesús se quedará prendido en nuestros corazones.

Hoy me siento, de algún modo, huérfano de ti, Señor Soberano que todo lo puedes. Son tantos los corazones que te necesitan, que quererte para mí en exclusiva es ejercicio supremo de egoismo.

Perdóname.

Me siento perdido, y extraño. Es Miércoles Santo y me aferro al recuerdo, el mismo que como miel besó mis labios el año pasado. Este año ni siquiera podré rezar a tus pies. Lo haré en la distancia; de eso no tengas dudas, pero rezaré por los demás, como tú me has enseñado. A los míos, si me das fuerzas e instrucciones para hacerlo, los cuidaré yo y así te alivio un poco de tu carga.

Hoy no he acelerado mi ritmo de trabajo en el hospital. Creo que ha sido el primer Miércoles Santo de mi vida en que no he tenido que hacer cambios de turno o de libranzas con mis compañeros y superiores.

Tampoco he tenido que suplicar una horas de regalo para entrar en Sevilla temprano y prepararme para realizar la Estación de Penitencia que los años me han regalado muy cerquita tuya, con el morado de un cirio que solo demuestra que cada vez soy mayor; pero me hago mayor a tu lado.

Te tenía preparados poemas que se han trabado en el bolsillo interior de mi túnica y que, si Tú quieres, coquetearán con la bóvedas de la catedral el próximo año.

Pero llego a casa y te imagino aparecer entre la nube de incienso que han creado el cuerpo de acólitos entre los que se encuentra mi hijo, compungido, pues dos veces se ha frustado su sueño dorado. Es humo perfumado de recuerdos, sahumerios que desplazan las tinieblas que se le parecen, las mismas que fomentan el llanto de mi mujer e hija al no poder estrenarse de negro y morado y necesitan Consolación y Guía.

Pero las tinieblas son tu especialidad. Esta vez la noche estará limpia y tus captores darán fácilmente contigo, y no opondrás resistencia. Si todo está escrito, no merece la pena derramar la sangre. Ten Señor, Piedad y Misericordia.

Eres tronco de un olivo que da frutos que alimentarán a una miriada de almas que se desgarran por el dolor, en esta noche aciaga de los tiempos en la que con un beso todo habrá de comenzar de nuevo.

Justamente el beso que no se nos permite darnos más que en la distancia será el que te delate. Pero sé que nos devolverás la oportunidad de volver a abrazarnos y besarnos: solo regalas besos verdaderos.

Aquí, confinados, tienes a una legión de guerreros esperando tus órdenes para sembrar el mundo con tu palabra. Ejerce tu Soberano Poder y muéstranos Tu hermosa Regla de amor para que sepamos el camino que debemos seguir. Hazlo, Señor, porque nos perdemos. Va este defecto unido a nuestra condición humana.

Y mientras, desde allí, Tu Getsemaní de la calle Orfila, danos Salud y Refugio, sacia nuestra Sed y permite que tengan un Buen Fin aquellos a los que has querido llamar a tu lado con la Lanzada que aún no comprendemos. Solo si nos ayudas a comprender, así lo haremos, y caminaremos de nuevo aferrados a Palmas que anuncien una nueva Entrada en Jerusalén en un año aún por estrenar.

Fotografía: Javier Torres

Qué fácil es soñar… Contigo.

Señor sel Soberano Poder, vence las tinieblas, que no pueden contigo. Acércate a los que te necesitan… y dales abrigo…

Francisco Javier Torres Gómez

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