lunes, 1 agosto 2022
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¿Pedro o Saulo?¿San Pedro o San Pablo?

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Dos personajes que influyeron definitivamente en el Cristianismo pero…

Es muy común acudir a un templo y toparse con las imágenes de estos dos grandes santos. Uno porta las llaves del Cielo en sus manos mientras que el otro hace lo propio con la espada. Y es que las referencias a la tradición oral son inevitables. Pero, ¿hasta qué punto se corresponden las historias que nos han llegado hasta nuestros días con los acontecimeintos históricos que tuvieron lugar en aquellos tiempos?

Es muy posible que el círculo más íntimo de Jesús de Nazaret fuera inculto y no manejara correctamente la palabra, y mucho menos la escritura. Las referencias más fiables proceden de fuentes griegas y romanas aunque parece improbable que ninguna de ellas represente más que una versión de lo que en realidad ocurrió.

Tampoco se nos presenta a Jesús como escritor y, muy probablemente no supiera escribir. Creo que no es insulto llamar al Jesús Histórico, analfabeto. En cambio, todos los indicios apuntan a que era una persona que sabía manejar muy bien la palabra.

Tras la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús, la comunidad de cristianos, pequeña y reducida a diminutos grupos de Jerusalén y Galilea, comenzó a crecer a merced de las enseñanzas de los primeros seguidores del Mesías Jesús. La tradición nos cuenta que fue Pedro el que se encargaba de dirigir a esta congregación de fieles pero si se consultan otras fuentes parece que Santiago el Justo, hermano de Jesús, era, no solo respetado, sino la cabeza visible del grupo emergente. Se constituía de este modo la Asamblea de Jerusalén o Primera Asamblea.

Más tarde, muerto y resucitado el Maestro, el fariseo Saulo comenzará a perseguir cristianos hasta que Jesús, el mismo Dios, se le aparece camino a Damasco y todo comienza a cambiar. Aquel que había sido el azote de la difusión de la Palabra de Dios empieza a propagarla a los gentiles, pero lo hace sin seguir las normas dictadas por el grupo, que seguramente lo llamara al orden en más de una ocasión.

El enfrentamiento entre Pedro y Pablo no parece haber sido ajeno a los primeros testimonios escritos de la era post-Resurrección. Los dos personajes que parecen amigos en los altares, portones y grabados es muy posible que fueran poco compatibles y entendieran el mensaje de Jesús de un modo distinto. No hablaremos de enemistad no de odios porque Jesús lo que predicaba era amor.

El iluminado Pablo se aparta de la primera comunidad y comienza a sentar los cimientos de lo que probablemente fuera la religión que hoy se conoce y ello se relaciona con condicionamientos puramente sociales. Pablo era una persona instruida, más influyente y con mayor capacidad de comunicación. Al ser ciudadano romano, las cosas seguro que le resultaron más fáciles. En cambio, con todo el empeño sobre el tablero de juego, la Asamblea de Jerusalén, la presidida por Santiago y Pedro, tendría muchos más problemas para diseminarse.

El evangelista Lucas era discípulo de Pablo y ya sabemos que entre ellos se copiaron (Evangelios sinópticos). Juan es capítulo aparte.

Esos encuentros y desencuentros culminan en una famosa reunión de Pedro y Pablo en Roma hacia el año 66 d.c. Solo hace falta leer y estudiar los acontecimientos para calcular que fue en esa fecha cuando ambos discípulos coincidieron en la capital de un Imperio en el que Nerón jugaba a los tigres y leones, cazaba cristianos y ejercía de reputado pirómano.

Como también le gustaban las ejecuciones y las decapitaciones, los dos barbudos lo tendrían muy difícil para seguir viviendo, como así ha sido demostrado. Pero el hecho es que existe constancia de que su relación hubiese ido más allá de la pura discrepancia.

Mientras tanto, el Templo de Jerusalén tenía los días contados. Vespasiano y Tito ya andaban por allí para hacer lo que hicieron. Este hecjo no debe interpretarse como intrascendente. Segados de raíz los grupos cristianos de Judea, el cristianismo creció desde las ramas del árbol talado. Las ideas de Saulo no tenían ya oposición. El Cristianismo se tornaría paulista. La puntilla para esta segregación la pondrá Constantino siglos más tarde.

Fijémonos ahora en que Pedro y Pablo parecen amigos, sí, pero cada uno es colocado en una hoja de la puerta de cobre de turno, aparecen en distintos extremos de frisos y cornisas, y cuando coinciden en proximidad, sus ojos denotan… Compruénbenlo ustedes mismos.

Pero claro está, esto solo es la opinión de un aficionado al estudio y la lectura…

Francisco Javier Torres Gómez

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