martes, 28 junio 2022
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Literatura cofrade. La Pasión francesa

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Recuperada por Juan Villegas Martín

Un excelente libro llamado a convertirse en un clásico (si ya no lo es)

Me enfrento a la presente reseña después de haber leído lo que otros muchos han opinado, casi siempre con acierto, antes que yo y me siento atrapado en una celda que exhibe en cada una de su paredes la frase «esto ya se ha dicho». Y ahí está precisamente el reto; me gustan los retos. Amo los retos. Me gusta el roce de la heterodoxia.

He estado varias veces tentado de comenzar a escribir sobre experiencias francesas desarrolladas en nuestra Semana Mayor aun cuando no atisbaba la última página del magnífico legajo (y legado) que nos regala, una vez más, el quipo editorial de el paseo. Razones: la Cuaresma se derrama entre los dedos, se escapa, y con ella la oportunidad de leer una obra culta, de altura, que recopila lo que otros muchos ya hicieron con anterioridad de un modo deslavazado, añadiendo las especias justas para que el sabor del guido permanezca en el paladar después de haber consumido el postre (epílogo en este caso).

Resulta que España no deja indiferente a quien la visita, como tampoco lo permite Sevilla, sea «maravilla» o no.

Las raíces en la mitad del siglo XIX parecen terreno fértil para el desarrollo posterior del relato que el autor cuenta con voz propia o con la que le prestan los insignes personajes que llegaron a Sevilla sin saber que se irían con la huella imborrable de una experiencia peculiar, prodigiosa y hasta religiosa, con la impronta de imágenes irrepetibles a pesar de su eterna repetición no especular, aunque sí espectacular.

Es un libro de huellas, de sentimientos, de sensaciones, de sentimientos encontrados, de reflexiones, de incertidumbres, de dudas, de certezas, de sorpresas y hasta de rechazos; podríamos seguir aderezando la crónica con epítetos hasta cansarnos pues las vivencias son precisamente la concreción no concreta de un poso de experiencias subjetivas basadas, curioso, en una objetividad indefinible e indefendible.

Eso sí, cada francesito o francesita que asistía y asiste a un desfile procesional no queda indemne, y si gasta buenas manos o neuronas, deja para las generaciones posteriores la impronta de lo que fue, es y será.

Anacronismos que serían criticados por los más puristas (vulgo, rancios) se nos presentan como datos de infinito valor histórico, incluso cuando se trata de invenciones plagios o borracheras de imaginación derramadas sobre el papel, ya sea con tinta, pincel o pintura.

Para el principiante, La Pasión francesa será un ejercicio de iniciación. Para aquellos que ya hemos revisitado cientos de legajos, nos resulta un ameno y riguroso repaso de lo que puede clasificarse como una de las mejores crónicas cofrades publicadas en los últimos años, tomo esencial en la biblioteca de sevillanía, regalo imprescindible y lectura obligatoria en estas fechas.

En la nota de prensa, la editorial habla de «prosa brillante», terminología con la que estoy completamente de acuerdo. Se trata de un desfile en el que hemos tomado asiento y, cómodamente, nos dejamos llevar. No, no es fácil lo que hace Villegas a la hora de enfrentarse a la ejecución de su libro. Sería muy fácil caer en la tentación de acotar al siglo XIX todo lo que se narra, pero ya sabemos que la Historia tiene demasiados vericuetos y todo lo que se cuenta de esta comunidad francófona en el siglo XX resulta igual de interesante, si bien menos exótico.

Quisiera, en este punto, saltarme las reglas del periodismo, pues no soy periodista y recomendar la reseña que de la misma obra realiza una persona a la que aprecio y cuyo criterio respeto, que publica en otro medio pues en ella se pueden saborear otros matices que me son ajenos. Me refiero a la que realiza Antonio Puente Mayor para el Correo de Andalucía, cuyo enlace paso a adjuntar (https://elcorreoweb.es/maspasion/la-semana-santa-de-los-viajeros-francofonos-KX7808185)

No me voy a detener en realizar una relación de todos los franceses que se pasean con pasión por las hojas de esta «cara» Pasión, pues sería muy extensa la nómina, y la cofradía está a punto de salir a la calle… Preparemos la cámara fotográfica y tomemos instantáneas como ya hiciera Masson ex profeso en la Plaza de San Lorenzo para que El Gran Poder se hiciera más grande aún. La imagen, el cine y las demás artes se hicieron de igual modo eco de ese tesoro que guardaban unas murallas que van perdiéndose conforme avanza la historia y la Historia hasta ser reducidas a puertas no siempre monumentales que permitirían que las diligencias o los barcos no fuesen los únicos medios para llegar a la urbe que se unía a un proceso de globalización sin freno, puede que en caída libre, siempre al son que la política sabe interpretar a las mil maravillas.

Los borbones, los Montpensier, la corte pequeña hacen de esta historia real una aún más REAL. Y he aquí un libro para leer y releer una, mil y cuantas veces haga falta para fajarnos en ese concepto no siempre bien entendido llamado «cultura cofrade».

En fin, ya solo queda que me hagan caso y compren el tesoro francés del que les hablo. Les aseguro que merece la pena.

He dicho.

Francisco Javier Torres Gómez

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