lunes, 6 diciembre 2021
Booking.com

La Semana Santa de Sevilla en la literatura: Tontos de Capirote

Booking.com
3,183FansMe gusta
5,578SeguidoresSeguir
2,761SeguidoresSeguir
467SuscriptoresSuscribirte

Volvemos al pasado, muy presente, y nos volvemos a reconocer como tontos, de capirote o con capirote.

Reseña del libro de Francisco Robles a modo de carta.

Sublime, preciso, pretencioso y proactivo Señor Robles,

Acostumbrado como está a parir estrofas sesudas acerca de este mundo de la Semana Santa que tan bien parece conocer, es de suponer que no le importará ser reseñado (realmente se reseña su libro y no su persona, que todo hay que aclararlo) en los términos que se merece, elogiosos retazos de una prosa débil como la que estila un tonto pregonero y tonto de de los pregones a un tiempo como el que escribe.

Era joven, o más joven de lo que ahora soy (obvio), cuando tomé su libro entre las manos no por primera vez con el objeto de leerlo, pues consideraba que ya que había invertido mi paga en una encadenación de letras como la que había adquirido en mi librería de cabecera debía, al menos, hacer el esfuerzo por empaparme de su contenido, y eso que empaparse y Semana Santa son dos términos que no se llevan bien.

Me llamó la atención que se refiriera con el término «tontos» a todos los que tras la lectura demostrarían con creces serlo, algunos de ellos «de categoría». Por aquel entonces yo podría ser englobado con total seguridad como uno de los tontos del trípode que usted describía, pero para su desilusión, e incluso puede que sorpresa, conocía a Cartier-Bresson y de vez en cuando retiraba el órgano del visor de mi instrumento (qué le gustan estos juegos de palabras) de la visión para contemplar lo que ante mí acontecía para de tal modo convertirme sin pausa en tonto de las vivencias, Y era feliz, vaya si lo era.

Señor Robles, yo era un tonto del radiocasete, pero obedecía a una acepción que usted nunca tuvo en cuenta en su recomendable libro ya que nunca jugué a las anochecidas detrás de una parihuela fantasmal sino que estilaba otra forma de hacer las cosas tal como escaparme de clase junto a un amigo, también tonto de remate, hoy día convertido en un referente en el mundo de la música, un tonto tan friki que no hay quien lo englobe en sus categorías. Íbamos los dos, felices, al mercaillo de la Alameda a comprar cintas de música cofrade, de esas que colgaban con pinzas de un tendedero y que costaban trescientas pesetas.. Tontos del mercaillo, vamos.

Señor Robles, fue usted casi pionero en sacar los colores a los tontos de capirote. Si no llega a ser por Núñez de Herrera y otros, habría usted ganado la fama que le fue arrebatada al instante y que el pueblo sevillano, soberano y otros pareados o ripios de ocasión, le devolvió con cada una de las ediciones de su obra (es usted, pues, obrero).

Si existe el tonta o la tonto, que ahora hay que hablar así, de los palcos, también los debe haber del chóped (dejemos que el corrector haga lo que le dé la gana) o mortadela, que resucitan pútridos cada Domingo de Resurrección entre las barras de acero que se reciclarán en la caseta de algún poderoso, vulgo tieso con largos apellidos.

Era el tonto de la torrija el escrupuloso juez de los dulces de miel o el campeón de la cogorza que no tenía reparos en que una cofradía estuviera desfilando a su vera y el tonto de la Campana un muñidor de la sabiduría que seguro que ha evolucionado o involucionado a colaborador de programas de radio o televisión, si es que alguien se acordó de él cuando tuvo que hacerlo, Ese o esa mismo o misma triunfa en las aplicaciones cofrades… y también es feliz ganándole la partida a sus hijos, a los que les importa un bledo cualquier cosa que no sea un buen FIFA o un Fornite.

Tontos del pasado, del presente y del futuro. Un libro de actualidad siempre y cuando no desaparezca la sabia ecuación en la que el cartucho de papel de estraza pringao de aceite adobil dé como resultado un capirote en forma erecta (sí, ríase, maestro).

Señor Robles, es usted un artista (jajajaja), un maestro. Tras leer su libro me dio por hacerme escritor de pacotilla, vulgo tonto de las letras y me atreví con mi archiconocido Historias de cámara en ristre, que hizo las delicias de los tontos del trípode de esta ciudad. En él hacía alusión a la Nicodemo, la tonta de la escalera que siempre acompañaba al fotógrafo a cambio de unos arrumacos prometidos o bien por tan solo gozar de las posiciones de privilegio que se le otorgaban a su acompañante (y a ella) para contemplar los pasos. La Nicodemo podía ser un Nicodemo (masculino), esta vez un tonto de verdad.

El tonto del carrito evolucionó y se hizo asexual, o bisexual o como ahora llaman a aquella persona o persono que es tonto, sin más, y mete un carrito de bebé en la bulla, Pero sin un hijo del tonto esto no sería lo mismo.

A un servidor le regalaron por su Primera Comunión la segunda edición del libro del Padre Federico Gutiérrez (el que no lo conozca, ni tan siquiera en su décima edición, es que no es el hijo del tonto). de ahí se deriva el grave peligro de convertirse en cualquiera de los tontos retratados en el libro de lectura obligada estos días. Tampoco llegará a convertirse en el tonto de la radio, de la FM … Quizás tampoco alcance su deseada meta de convertirse en el tonto del léxico y quedará advocado, si pone empeño en hacerse con el cetro de los tontos del Via Crucis tabernero.

Pero Señor artista, lo mejor de su libro fue, sin duda, la no levantá del tonto del léxico (que compre el libro quien quiera saberlo). No me extenderá más pues hoy me podrían acusar de hacer espoiler (sí, espoiler, ¿qué pasa?)

mis últimas palabras irán ineludiblemente dirigidas al equipo de la editorial el paseo por el magnífico trabajo que hacen al cuidar con tanto mimo los libros que salen de su obrador. Es un placer tomar uno de sus horneados pasteles y aspirar su aroma, sentir su tacto y recorrer sus letras. Terminada la primera bandeja de pijotadas, se antoja que te regalen una segunda para seguir sumido en el deleite de una amena lectura de calidad.

Pasó Don Carnaval fofo y guloso (Cela, esta es de las tuyas) y era momento de rendir homenaje a Juan Carlos, el maño de Cádiz que tan buenas letras vertió bajo el sombrero de tres picos. Busquemos los libros de el paseo y comprémoslos. ¿Acaso tienen algo mejor que hacer estos días? Bueno, eso también puede hacerlo, claro está.

A Paco Robles, a ver si de una puñetera vez me deja escribir en el especial semanasantero de ABC.

Francisco Javier Torres Gómez

¿Te ha gustado este artículo? ¡Compartelo!

Más noticias de Diario de Pasión

spot_imgspot_img
spot_imgspot_img
Booking.com
3,183FansMe gusta
5,578SeguidoresSeguir
2,761SeguidoresSeguir
467SuscriptoresSuscribirte