Las lágrimas de San Pedro

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Visión heterodoxa del que se ha convertido en un clásico de Sevilla

Estarán conmigo en que nunca hubiese Pedro imaginado que sus lágrimas se convertirían años, siglos después, en sonidos de corneta. Aquel que dude de la versatilidad de este instrumento tan nuestro, deberá añadir a sus remilgos el hecho de que el viento metal se identifica con el de las perlas salinas en su recorrido por las mejillas.

Pedro prometió, Pedro negó y Pedro derramó su amargura e impotencia tras escuchar al gallo cantar por tercera y última vez.

Negación o traición. Dejémoslo en pena profunda al comprender que las palabras de Jesús estaban por encima de elucubraciones humanas, y por ello deben ser consideradas proféticas, iluminación plena ante los hechos por acontecer. Y Pedro, con su error, se convertiría en testigo, al igual que todos nosotros lo somos a día de hoy.

Composición: Javier Torres

La iniciativa de Antonio Burgos y de un grupo de sevillanos de pro obtendría sus frutos en forma de toques marciales desde la más insigne atalaya desde la que anunciar a los cuatro vientos el arrepentimiento del apostol sobre el que el Salvador quiso sentar las bases de su Iglesia.

La Banda del Sol goza del privilegio de convertir sus sones en depósito acuoso de significación universal, y lo hace del modo más insigne, con el orgullo de un uniforme que llegó a regalarles identidad y un protocolo que no se entendería sin el desfile de sus alabarderos, cortejo para el que un pobre pescador no era digno.

Fotografía: Javier Torres

La Historia tiene tantos caminos, que necesita de intérpretes para hacerse comprender. Sevilla es interlocutora de Pasión y Pueblo, y también demuestra manejarse bien en aquellos actos de hiperdulía aun en los casos en que no sea el sevillano quien pida la intercesión del santo sino el santo quien necesite el pañuelo que le ofrece el sevillano para aliviar su llanto con el fin de ejercer su actual oficio como cancerbero de un Cielo que nos ha sido prometido.

Que así sea.

Francisco Javier Torres Gómez