viernes, abril 10, 2020

La Cuaresma del azahar huérfano

Fotografía: Javier Torres

Llora el azahar, triste y solo

Soy de los elegidos para salir de casa esta extraña Cuaresma; mi profesión así lo requiere: soy médico y tengo que dar todo de mí para luchar contra la enfermedad. Lo hago con esperanza, y me siento útil.

Junto al dificio en el que se lucha a vida o muerte contra el enemigo invisible, llega el aroma de los naranjos intentando que la tristeza no pueda con aquellos que se juegan la vida a un lado y otro de las mesas y mostradores. Es su forma de ser solidario.

El camino al hospital debe, tiene que ser como el que conduce del domicilio al templo en ambos sentidos, es decir, rápido, sin paradas y por el camino más corto. Y en el camino más corto hay naranjos que lloran azahar sobre las aceras.

Dadas las circunstancias, se antoja delito parar la carrera para contemplar cómo la blanca flor inunda la escena y embriaga los sentidos, transportando inevitablemente a lo que fue y será, qué duda cabe, pero que no está siendo…

Inspiro y me deleito. Son solo unos segundos que se traducen en Cuaresma, ni más ni menos que en cuarenta días porque, a pesar de todo, la primavera a nacido y no nos hemos dado cuenta.

Decido pecar y arranco la bella flor de mis recuerdos y me la acerco a la nariz. Cuando percibo su embrujo me pregunto si acaso no será esa la cura para el mal que nos azota. El suelo es unaalfombra blanca y el azahar se deshace entre mis dedos recordándome lo frugal que puede ser todo, incluso la vida que a él mismo se le escapa en segundos.

Tomo una segunda mota de nieve y prosigo mi triste caminar hasta posicionarme en mi puesto de trabajo. Allí donde la enfermedad reina, muere también el azahar después de haber llorado regalándome una pátina aceitoda en la piel. No quiero que solución hidroalcohólica me aparte de ella, pero debo cumplir con mi deber.

Siento nostalgia, claro está, pero ahora sé que volverá el naranjo a florecer y que la espera será larga, pero todo aquello con lo que soñamos volverá. No dejemos que muera más gente, y al azahar tampoco morirá. Ese es su compromiso, y lo cumplirá…

Fotografía: Javier Torres

Nostálgicos confinados en una cuaresma confundida con cuarentena, no sufráis, el tiempo curará las heridas pero ahora es preciso unir nuestras manos y curar las de aquellos que más lo necesitan. En Semana Santa no habrá procesiones, pero sí ytiempo para rezar.

Recemos, pues, y recordemos que si el azahar llora y renuncia a su reinado, nosotros no podemos ser menos, y lloraremos, y hasta llegaremos a gritar. Pero no suframos, que el incienso perfumará ese elor a muerte que desterrado será si nos unimos como hermanos, ya lo dice el azahar…

Francico Javier Torres Gómez

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