domingo, 26 junio 2022
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Jueves Santo en Sevilla. El detalle.

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Un detalle en forma de notas musicales

No se precedía el detalle de esta jornada de la unanimidad por parte de un ortodoxo público sevillano, muy dado a la resistencia al cambio, pero aquellos que se dieron cita en San Pablo para contemplar, de nuevo, el milagro del Descendimiento de Cristo, recibieron una dosis doble de sorpresa.

Jesús era de nuevo descendido, como cabía esperar, con cimbronazos de esos que parten el corazón. Rotos los músculos que impulsan la sangre al resto del cuerpo, motor en marcha y alma congelada, sonó la música y, qué ironía, se hizo el silencio.

El Himno Nacional, el que nos une y a la vez nos hace partícipes de una realidad común, dio paso a los crujidos de la madera taladrada por el perno más famoso de Sevilla. Y este siguió su infinita melodía de exquisitos matices mientras el galeón de bronce que es Lepanto, de nuevo Lepanto, en Sevilla comenzó su caminar a los sones de una marcha decimonónica.

Quinta Angustia en forma de puñales, cinco o siete según el contaje, y Quinta angustia en el pentagrama heredado de aquel Font que sería raíz de una saga.

El silencio no es duradero. Respeto y comentarios acerca del modo en que la música había rememorado un recuerdo olvidado e incluso inexistente en muchos casos; en la imaginación está la clave. De otro modo no hubiésemos haber sobrevivido a dos años sin los vaivenes del roldanesco Hijo de Dios.

Sí, gustó la música, marchas fúnebres de las que suelen acompañar a los palios en Sevilla, más versátil fuera de las fronteras de la capital. Porque cada una de las angustias puede ser expresada de muy diferentes modos, a cual más bello.

Jueves Santo en Sevilla y todas las miradas postradas en el dolor personificado en una Dolorosa, una Madre del siglo XX que parece haber sido rescatada de siglos anclados en el recuerdo. Menos mal que reinó la cordura en la clientela del nuevo local de ocio que enfrenta las puertas de la Magdalena, en cuyos balcones se dejaron ver conocidas caras. Tampoco pudieron resistirse al dolor y recogimiento.

Toques de tambor y el paso, el misterio, avanza vacilante, callando bocas inoportunas. Nuevos crujidos, y toques de tambor, fúnebre ritmo para los más fieles al luto por un Cristo muerto. Y al cambiar el roce de los palillos, nueva marcha, nuevo llanto traducido en notas musicales. Por que la angustia, quinta, primera o última, se puede entender en silencio a al son de la música selecta creada a tal fin.

Jueves Santo en Sevilla. Poco más hay que añadir…

Francisco Javier Torres Gómez

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