martes, febrero 18, 2020
  • Portada
  • Hermandades
  • Contacto y envío de Noticias

EL PELIGRO DE LA VIDA COFRADE

Hay un peligro enorme en hacer de la Semana Santa tu vida. Hay un peligro en convertir aquello que te da la vida en aquello con lo que convives día a día. El peligro de la familiaridad y de lo cotidiano.

Cuando naces y automáticamente te ponen una túnica, cuando te crías bajando cada tarde a la iglesia y soñando con el redoble de un tambor y el caminar de un paso, toda tu vida se convierte en un continuo recordar y en una continua búsqueda de alargar aquello con lo que sueñas y que, cuando se hace realidad, se desvanece como la niebla de la mañana al salir el sol. Toda tu vida, desde pequeño, se basa en rellenar ese espacio en blanco que dura desde abril a marzo. Primero, comienzas a coleccionar estampas, rallas los cd’s y hasta las antiguas cintas de casette se marean de tantas veces como las has escuchado. Hasta tal punto que, sin mirar el índice, eres capaz de recitar el orden de las marchas que en ellos están grabados. Cuando vas creciendo, llenas tu móvil con nuevas marchas… y con aquellas que fueron la banda sonora de las Semanas Santas de tu infancia, empapelas tu habitación con fotos, e incluso comienzas a montar pequeños altares que evocan los de las Iglesias en que habitan “los Santos” de las procesiones. Comienzas a soñar con tus propias cofradías, montas procesiones hasta en navidad. En cuanto tienes oportunidad, te escapas cada vez más lejos para ver procesiones: el Patrón del pueblo de al lado, un Rosario en la capital de la zona, una extraordinaria en Sevilla. Llegas al punto de conocer todos y cada uno de los videos que hay en youtube de tu Semana Santa, y de la del vecino. Todo te parece insuficiente en tu afán por llenar la Eterna Espera.

No obstante, cuando el sabio dijo que cada cosa tiene su momento, por algo sería. De repente, llega Viernes de Dolores y, cuando tu cuerpo y tu mente deberían vibrar de emoción, apenas se percatan de que aquello que estabas esperando con tantas ansias ya está aquí. Pero, para ti, no es más que un viernes como otro cualquiera. Tanto te has regodeado en tu espera, tan impaciente te has mostrado que ahora, el más fragante incienso no huele más que una margarita silvestre, y la más sentida y dolorosa marcha te suena como el sonido del viento en una tarde otoñal. Y he aquí que estás parado, viendo una procesión sin sentir esa emoción que antes te embargaba con solo oir un ruido que recordara lejanamente a la campana de un paso y te preguntas ¿Cómo he llegado a esto?

Has convertido tu vida en un continuo recuerdo de tu Pasión. Tu vida es un constante debate sobre imaginería, marchas y cuestiones florales. En vez de comentar el futbol, comentas con tus amigos el arreglo floral de aquel paso, o si esta cofradía debería haber hecho esto o lo otro. Tachas días en el calendario sin saber muy bien por qué. Y, todo esto, ¿para qué te ha servido? Si ahora que deberías estar viviendo tu Semana Santa, eres incapaz de sentir algo más que una sensación de vacuidad y cansancio.

Es entonces, cuando llegas a ese punto, cuando empiezas a valorar las esperas. Es entonces cuando te das cuenta de que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”. Es entonces cuando te das cuenta que hasta la magia pierde emoción cuando se repite todos los días. Es entonces cuando te das cuenta de lo equivocado que estabas.

Ahora ya no vives para llegar a Domingo de Ramos, ahora ya no buscas la Semana Santa; ahora buscas reencontrarte con tu yo niño, ahora intentas recuperar el camino que hace tanto perdiste. Y lloras porque eres incapaz de llorar con Mektub.

Sin embargo, de repente, en medio del invierno en que se ha convertido tu vida, el Cielo te regala una luz en tu oscuridad.

Es sábado por la noche, estás con tus amigos hablando de esto y lo otro mientras recorres las calles desiertas de la ciudad y, cuando llegas a la puerta de la Iglesia, comienza a chispear. No son más que cuatro gotas, pero os paráis para resguardaros de la incipiente lluvia bajo el dintel del templo. Y entonces, con el aroma de la lluvia, el reflejo de las farolas sobre el húmedo pavimento trae a tu memoria cientos de imágenes. Coges el móvil, pones una marcha, y empiezas a recordar. La lluvia te recuerda a aquella vez que, siendo pequeño, aguantaste toda la noche de Viernes Santo para conseguir por fin ver salir a las Ánimas, a las 4 de la madrugada de Sábado de Gloria y que ese año no salieron por culpa de las precipitaciones. Y ese recuerdo te lleva a aquella primera vez en que, con 12 años, conseguiste ver entrar la Procesión del Silencio, en la madrugada del Jueves al Viernes Santo. Y ese otro te lleva a tantos Viernes Santos por la mañana, unos con más calor que otros, tocando con la banda, desfilando con una cruz de penitente, probando a salir con capuz, intentando aguantar el cansancio para ver entrar a tu titular, utilizando el báculo como apoyo para seguir desfilando…

Los recuerdos son innumerables y es entonces que comienzas a sentir una cierta tristeza, pero una tristeza dulce, una añoranza por algo querido que ya no está, pero que sabes que volverá. Y te alegras porque, tras esa cascada de recuerdos, atisbas el resplandor de la llama semanasantera que encendieron tus padres en tu corazón cuando no eras más que un niño. ¡Por fin! Has reencontrado la Pasión, vuelves a sentir aquella emoción infantil que te llevaba a tachar días porque cada hora vivida era una hora que nos acercaba más y más al momento en que un trono hollara las calles y se abriera la veda procesionista. Y que bella ironía. La lluvia, que tantos enfados, llantos y miedos te hizo vivir en Semana Santa, ahora es la que te ha devuelto tu sentir cofrade.

Espero que entiendas, amigo cofrade, que esta reflexión no es más que el reflejo de mi vida, la de un cofrade más, que sueña cada noche con despertarse en un reluciente Domingo de palmas y de ramos y que tan desdichado se ha sentido tanto por ver que parecía no llegar la Semana Santa como por ver que llegaba y no sentía más que cansancio y aburrimiento de procesiones y marchas. Sirva esto para animar a aquellos que, del vivir cansados, su corazón ya no suspire. Y para aquellos que se pasan… que nos pasamos en el intento de mitigar la Eterna Espera, sirvan mis palabras para templar sus ánimos y hacerles comprender que si Dios nos dio una sola Semana de Vida y todo un año de Espera… será que debe ser así.

Hermanos, ya queda menos para comenzar una nueva espera.

- Publicidad -

Triana le reza a su Cristo caído en Viacrucis

El Cristo de las Tres Caídas de la hermandad de la Esperanza de Tirana ya se encuentra en la Real Parroquia de Santa...

Orando en Monte-sion, besapies al Señor de la Oración en el Huerto

El pasado fin de semana del 14 al 16 de febrero la hermandad de Monte-sion ha consagrado el Besapiés al Señor de...

La Archicofradía del Rosario celebra la Candelaria

Como es tradicional, la Archicofradía del Rosario celebró la festividad de la Candelaria o presentación al templo.El acto...