viernes, 25 noviembre 2022
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Domingo de Resurrección en Sevilla. Tiempo de preguntas

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Preguntas que planteamos todos los años, que nos hacemos a nosotros mismos…

Y nuevas preguntas que surgen tras las vivencias de otra Semana Santa en Tiempo de Pandemia.

Jesús ha resucitado. Aleluya. Ya todo aquello que hemos vivido es posible aun cuando la sucesión de anacrónica de escenas en el imaginario colectivo sea propiedad de la idiosincrasia de la ciudad.

Y es que Sevilla es así.

Es momento de hacer balance. Se escucha en distintos foros que esta Semana Santa ha sido mala, pero mejor que la del 2020. Al preguntar me contestan, sin excepción, que al menos ha habido altares muy bonitos en los templos.

Bien, quedémonos con la representación plástica de la fiesta y no con la espiritual, no vaya a ser que alguien se moleste. Para poder entrar en un templo se han formado colas kilométricas no aptas para los menos dotados y en cambio, no han mermado en ningún momento.

A pesar de habérseme asegurado que se estaba cumpliendo con las medidas de seguridad, las de aforo las dejo en suspenso, pero las de distanciamiento en las colas perdonen que las ponga en duda. Uno que es médico y se fija en esas cosas sin importancia.

Cofrade casi de profesión, reconozco que nunca fui dotado de paciencia, por lo que eso de las colas ya, de entrada, sabía que no iba conmigo. Y por ello he vivido estos días en la intimidad de mi hogar, con las oraciones precisas y unas ganas locas de escribir.

Escribir sobre aquellas instantáneas maravillosas que me proporcionaban mis compañeros y que, reconozco, encendieron en mi interior esa añoranza tan difícil de definir. Pero a uno le da por pensar y pasa lo que pasa.

Es evidente que el esfuerzo de las priostes ha sido ímprobo, y que los resultados, en general, han sido satisfactorios (aunque sea uno más de sencillez) y no sé hasta qué punto se pueden justificar las citadas colas y el gran número de horas invertidas en superarlas.

Cada uno ha elegido como ha querido o como ha podido. No obstante, asomando la cabeza por la salida de los templos, me he llevado una sorpresa nada grata.

Han sido varios (muchos templos) en los que he comprobado que la bandeja destinada a la limosna se encontraba vacía o, en el mejor de los casos, bastante escasa de monedas.

La pregunta a los o las albaceas era obvia: ¿verdaderamente contribuía tan ingente cantidad de personas con la bolsa de caridad de la hermandad?

La respuesta en forma de negación era unánime. Una y otra vez.

Hemos acudido a los templos en masa, hemos incumplido muchas medidas de seguridad, hemos admirado los regalos de priostía y nos hemos ido, sin soltar pecunio alguno, a gastarlo en los bares, en los que podíamos liberarnos de la mascarilla para liberarnos del agobio que suponen.

Se deduce que el dinero de Caridad ha sido empleado en cerveza. Que sí, que la hostelería necesita ayuda; en eso estamos todos de acuerdo, pero se demuestra de nuevo que , en general, seguimos siendo igual de egoístas y que no hemos entendido el verdadero sentido de la Semana Santa.

Autor: José Antonio Bravo García

Jesús ha resucitado. Espero, sinceramente, que nos tire de las orejas a todos.

Francisco Javier Torres Gómez

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