jueves, 4 agosto 2022
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Cuaresma en Sevilla. Desde los balcones…

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Otra mirada acorde con los tiempos

Escuché lamentos fundamentados en la ausencia de Semana Santa. Y quise sacar de su error a quienes afirmaban con tan rotundas palabras.

Sí habrá Semana Santa, pero sin cofradías en la calle. Me miraron con desdén y, tras pensar en la réplica, me dieron la razón sin mucho convencimiento.

La representación visual de la Semana Santa es una proyección trentina que hemos asumido como nuestra, y cuesta separar conceptos.

La conmemoración de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo se realizará como siempre se ha hecho, en la intimidad, bajo el cobijo de los muros de un templo o capilla, en cada casa en la que permanezca viva la llama, o en cualquier persona que sepa custodiar tan preciado tesoro.

Y los balcones lucirán sus galas y serán los palcos improvisados donde se aplaudió con tanta fuerza la labor de los sanitarios. Simplemete cambiarán los actores. Jesucristo nunca faltó a su cita, como tampoco lo hizo Su Madre.

La forja sirve de sustento a hermosas estampas que recuerdan que la Cuaresma este año no terminará al expirar cuarenta días sino que se ha instalado en los hogares a la espera de que los anhelos terminen por ser saciados con más. Siempre más: es nuestra naturaleza, y nos cuesta desprendernos de ella.

Miremos al Cielo y recemos. Postrémonos ante las imágenes de nuestra devoción y recemos. Y no olvidemos mirar esos balcones desde los que volverán a lanzarse agudas saetas a Cristo o a una Dolorosa que desea tener el consuelo de unas palabras que, lanzadas al viento, sean recogidas por su pañuelo mojado.

Balcones vetustos, balcones primerizos e incluso algunos que aún no saben lo que es una estación de penitencia. Todos se han unido de modo fraternal y esperan la señal para despertar de nuevo y cumplir con el papel que se les encomiende.

Balcones, atriles privilegiados de pregones diarios. La ciudad no se entendería sin su concurrencia, sin su dadivosa aportación al fervor popular. En ellos ha quedado impregnada la costra de la miel y los rescoldos del incienso que a ellos ha ascendido para hermanarse con el aroma de un guiso de la abuela.

Los balcones sienten; de un modo distinto, pero sienten la falta, la pérdida, la ausencia, que son lo mismo y son distintas cosas al mismo tiempo.

Balcones huérfanos en los que ya no se asomarán los mismos rostros la próxima vez que Jesús en la cruz mire en su dirección pasando revista conociendo de antemano dónde se encuentran aquellas figuras ausentes, elipsis necesarias que han encontrado su sitio en un mundo mejor.

Cuando vuelvan a salir a la calle, no obvien la realidad que ellos representan, y entonces comprenderán… Seguro que comprenderán…

Francisco Javier Torres Gómez

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