sábado, 6 agosto 2022
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Crónicas de la Cuaresma: Las torrijas que se perdieron

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Una historia dulce para tiempos amargos

Preparados, listos… YA!!! Así es como muchos cofrades de toda España viven las horas, los minutos y hasta los segundos antes de que amanezca el Miércoles de Ceniza. No soy una excepción.

Cenizas, marchas procesionales, incienso, videos, estampitas, salida procesional de la túnica nazarena desde el convento del armario glorioso…

Pero hace tiempo que le encargo las torrijas a un maestro de la cocina. La cocina de mi amigo Aurelio Márquez entra en ebullición, aún más si cabe, estos días tan especiales: toriijas, pestiños, espinacas con garbanzos, bacalao con tomate, etc. La maña hace el resto.

No merece la pena dejarse los ahorros en productos industriales que quieren y no pueden emular los estandartes por excelencia de la cocina cuaresmal.

Salvando los conventos y la cuchara de la madre, de la abuela, de la hermana o de la hija (utilizo lenguaje inclusivo en femenino. Aplíquese lo mismo a los varones cuando corresponda), es obvio.

Aurelio posee muchas cualidades, pero una de ellas es el toque de naranja y canela que le da a sus torrijas. Una vez las pruebas, el encargo se repite año tras año, incluso fuera de temporada.

Poco duró la Curesma del año 2020 en cuanto a la cara externa de esta espera. Cada uno se ha visto impelido a encontrarse a sí mismo y a Cristo en su interior, en el mayor templo que se pueda construir como es la casa, la familia o el corazón.

Pero ¿qué ocurre con las torrijas?

Me crucé con Aurelio tantas veces como peticiones recibió por mi parte para que me tuviera a punto esas dos docenas de torrijas que me hacían hasta soñar con su contemplación y aroma (la vía sensitiva del olfato discurre en contacto con las que transportan las señales de la memoria y la emoción, razón por la que asociamos un determinado olor con un recuerdo o situación). Anatomía. Neuroanatomía.

Pero esas torrijas no han llegado a mi poder, y me temo que no lo harán. Las circunstancias así lo han decidido. Esas torrijas quedaron en mi recuerdo y no sé si en el buche de su creador, el chef de la Cuaresma, como me gusta llamarlo quien, dicho sea de paso, es un amante de este dulce tan nuestro.

Abro el balcón y aspiro el aroma del azahar antes de que desaparezca, pero me siento huérfano de pan con miel, vino, naranja y canela. Creo que mi confinamiento será mucho más duro de lo que pensaba.

Aún no hay empresas que trabajen los pestiños y las torrijas a domicilio…

Francisco Javier Torres Gómez

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