A solo un día de que empiece la Cuaresma…

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Podría ser esta la ocasión perfecta para comenzar a loar aquello que se aproxima de forma tan sigilosa que apenas tenemos tiempo de darnos cuenta que ya formamos parte de ella. Ella es femenina pero no gusta de ser señalada por su género sino por su contenido. En cambio, ne deseo tropezar con tópicos que se repetirán a partir de mañana como ya lo hicieron en el paso y lo seguirán haciendo en el futuro. Hablamos de tiempo y, sin embargo, lo que queda por venir es atemporal, qué ironía…

La imagen de hoy despierta admiración. Volvía de una reunión cuando he sido educadamente interpelado por un par de jóvenes que me han pedido permiso para dedicarme unas palabras. Creí, armado con lógicos prejuicios, que querrían venderme las consabidas papeletas para alguna rifa de ocasión. De hecho, uno de los pequeños escondía entre sus diminutas manos el conjunto de papeles en los que creía resumir sus intenciones. Pero me equivoqué, afortunadamente. Sencillamente me tendían una hola de papel en la que se podía leer «Cuaresma. Es sólo (con acento) cuestión de Amar (con mayúsculas)». Al mismo tiempo me pedían casi perdón por la intromisión, explicándome que mañana era un día muy importante para los cristianos, me explicaban el significado de la imposición de las cenizas y me rogaban transmitir el mensaje a mis conocidos. Con una gran sonrisa me comprometía a cumplir mi promesa sin revelarles que era ese precisamente mi plan. Pensé que no todo estaba perdido y que mientras quedasen almas como las suyas la Cuaresma nunca moriría.

Un mensaje. La Cuaresma. Amor.

Lejos del pregón del azahar y de los sentimientos, la palabra fue eficaz, y precisamente en ella está la magia pues Jesús nos demostró su fuerza y más de dos milenios después unos niños siguen ejerciendo el apostolado que Aquel anhelaba. Sin duda, se trataba de niños como los que reciben con palmas la entrada triunfante del Salvador en Jerusalén. El mensaje sigue vivo y goza de buena salud. Solo hace falta que todos sigamos el ejemplo de los pequeños y prediquemos. De ese modo nos sentiremos dignos de aquello que nos haya sido asignado y podremos despertar mañana abandonándonos a todo aquello que sabemos que ocurrirá de modo inevitable, volveremos a ser niños y caminaremos hacia la cruz para resucitar de nuevo en un ciclo interminable. Somos cofrades y mañana comenzaremos a poner una cruz roja sobre las fechas del calendario, cuarenta aspas con el rotulador indeleble de la impaciencia.

Francisco Javier Torres Gómez