lunes, 8 agosto 2022
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JUEVES DE ESPERANZA Y SILENCIO

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En una tregua que daba la lluvia, el cielo se volvió azul para dejarnos a los ciezanos al menos una noche más de Pasión. Jueves Santo es una tarde que en Cieza tiene aroma a incienso sacramental que emana del Monumento y a clavel de colores que adorna el manto floral de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. Bajo palio, la delicada imagen de Manuel Carrillo desfiló acompañada por su numerosa hermandad y un nutridísimo tercio de mujeres ataviadas con traje negro, teja y mantilla, las tradicionales manolas.

Durante cerca de tres horas, la Señora del Jueves Santo, la Esperanza de Cieza, la Virgen de las velas anduvo por el recorrido procesional, deleitando a todo aquel que la veía pasar. El tintineo del palio, el colorido del manto floral que tanto trabajo le cuesta realizar a la Cofradía, el incienso y la cera y las marchas interpretadas magistralmente por la Asociación Musical “No Tenemos Prisa“ de Abarán hizo estremecerse a Cieza entera. Al llegar al Monasterio de las Clarisas, donde la Virgen reside todo el año, el palio se recreó para que las hermanas se consolaran por la ausencia de su Señora. A son de “La Madrugá”, las puertas de la Casa de Hermandad de los “Hijos de María”, la Real Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza, se cerraban dando por finalizado un nuevo Jueves Santo de Esperanza.

Pero en Cieza Jueves Santo no termina con la Virgen. Jueves Santo, desde 1931, es noche de Silencio. Con las campanas de la media noche, el casco antiguo quedaba a oscuras y las puertas de la Basílica se abrían para dar paso a la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía hacia una abarrotadísima Plaza Mayor. Comenzaba la Procesión del Silencio. Así, a oscuras, con la única iluminación de los cirios de los penitentes y de los tenues faroles del trono, el titular de la Cofradía, el Cristo del Silencio, se hacía presente en las oscuras calles de Cieza.

Al son de su orquesta de violines, que con tanto primor interpretan el “Adagio” de Albinoni, o la marcha “El Cristo de la Agonía” del maestro ciezano Gómez Villa, el Cristo de la Agonía desfiló en el total silencio de las calles del recorrido procesional. Fue obsequiado en varios puntos por saetas y cantos en su honor, y al pasar por las estrechas calles, de cada balcón salían manos dispuestas a rozar por un segundo las puntas de los dedos de la impresionante imagen de González Moreno.

Al filo de las tres de la madrugada, y al son del “Aria” de la suite nº3 de J.S.Bach, el Señor del Silencio pasaba entre sus numerosos penitentes que lo aguardaban de rodillas, franqueando su paso hacia la basílica. Así con el Cristo de la Agonía descansando ya en su capilla se cerraba un nuevo Jueves Santo y, por desgracia, una nueva Semana Santa en la Perla del Segura.

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