jueves, 15 abril 2021
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Madrid, no te reconozco

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Madrid, no te reconozco.

Has pasado de ser ese trastero sin organizar donde todo tenía cabida, a ser una ciudad con más gusto que muchas de las de por ahí abajo.

Y que no lo digo yo, que lo dice la calle, la gente que ha peregrinado de iglesia en iglesia. «Madrid ha estado por encima de Sevilla» ha sido la frase más repetida.

Pero si quieren más detalles yo se los doy.

Las vísperas en Madrid tienen sabor a barrio, a Puente de Vallecas, porque en San Ramón, El Perdón con su Virgen de la Misericordia recorrió las naves de su templo en un Vía Matris, para que posteriormente se asentara al pie de la cruz, contemplando a su hijo ya crucificado.

Hasta las vísperas dieron la talla.

Pero fue el Domingo de Ramos cuando un servidor vio Madrid como una olla a punto de explotar. Todo el mundo estaba en las calles, colas en los Estudiantes y en La Borriquita, incluso en Hermandades que no era su día de salida.

Como si de una ley se tratara, la Semana Santa de Madrid no empieza hasta que suena por primera vez «La Madrugá», y este año pese a haberse retrasado 3 días ese momento, La Lira de Pozuelo hizo lo propio en una mañana que pedia palios a voces.

Ahora bien, ¿Estudiantes? Otro rollo, hasta con trío de capilla en la tarde del Domingo de Ramos. La basílica a media luz te invitaba a pararte y reflexionar, todo era perfectamente armónico, dicen las malas lenguas que hay quien no le importaría un San Juan para el palio de la Inmaculada,

Y en San Ildefonso, quisieron que el Señor del Amor se presentara como siempre para entrar en nuestros corazones, con palmera incluida y la Señora en segundo plano contemplando la escena.

Fíjense como ha sido la cosa, que hasta las Hermandades mas pequeñas como el Cristo del Camino han querido rendir culto de veneración a sus titulares.

Avanzaba la semana y aparecían estampas para el recuerdo, largas colas en San Isidro un Martes Santo, prólogo de lo que nos esperaría el Jueves.

Y el Miércoles Santo desde primera hora en Madrid se respiraba canela y clavo. En El Carmen, el Señor nos esperaba impaciente, sabe el más que nadie que necesitamos de esa Salud más que nunca.

Y es por ello que las angustias no fueron tan grandes en ese día viéndolos a los dos en la oscuridad del Carmen, que, por cierto, a las ocho de la tarde no cabía un alfiler. ¿Quién dijo que este año no había Semana Santa?

Del mismo modo estaban dispuestos en la nave central los titulares de Tres Caídas, que si la memoria no me falla, no habían montado un altar de esas características en toda su corta historia, símbolo de que Madrid va ganando terreno cofrade.

Es ahora el momento de darle paso al Jueves Santo, y es que Madrid no había perdido las ganas. Madrid estaba en ebullición, desde las nueve de la mañana ya se agolpaba gente en las puertas de San Pedro el Viejo para ver esa insólita estampa de la presentación de Jesús al barrio de la Cava.

Más de cien puntos de luz, alumbraron tanto al Dulce Nombre como al Pobre, y a Pilatos y el romano, claro está. Siendo éste uno de los mayores montajes de priostía recordados en la historia de la Semana Santa de Madrid, no era muy difícil superar lo del sur.

Por la tarde banda pozuelera y Hermandad nos sorprendieron con el acompañamiento musical durante el santo Vía Crucis y el último tramo de la veneración a sus titulares. A un servidor se le encogió el alma cuando el reloj dio las siete en punto y sonó el himno nacional. La gente de La Lira, otro rollo.

En San Isidro fueron muy directos. El palio, ¿para qué más? Si ese museo con varales habla por si solo, por no hablar de quien se encontraba debajo. El Señor estaba dispuesto como si de salir a la calle se tratara la cosa, eterna priostía macarena.

Hay que hacer mención a los barrios, que con sus Hermandades evangelizan allí donde mas falta hace, vaya desde aquí mi reconocimiento para el Nazareno de Villaverde.

Y así en un suspiro, Viernes Santo, y como si del día de la marmota se tratara, lloviendo como no, nunca falla.

El día no había despertado cuando ya se movía por las naves de la basílica el Señor de Madrid.

Esta jornada nos quitó ese «mono» de ver pasos montados, como el de la dama del Viernes Santo en la oscuridad de Santa Cruz junto con el Señor del Santo Entierro, o el nuevo del Divino Cautivo en orfebrería dorada, que más acorde no podía ser.

En la calle Atocha dos estampas: un Stabat Mater en la nave central mientras Cristo era flagelado por un sayón, escoltado de un romano en el lateral.

Otra vez más, la música hizo acto de presencia, en este caso de la mano de los del Perdón de Alcázar de San Juan, que todavía no se han estrenado en la capital y ya son tres años.

De una manera poco inusual, pero igualmente elegante, se encontraba también el Cristo de los Alabarderos en el crucero de la Catedral Castrense.

He querido dejar para el final una estampa que me sobrecogió el alma.

Llovía, se levantaba por primera vez el paso de Ntra. Sra. de los Dolores, la gente se agolpaba a las puertas de la basílica y en el interior, otra vez, La Lira. Sonaron las Saetas del Silencio y ni un alma se movía, el Señor avanzaba a paso lento a su encuentro con Madrid.

Más música, en este caso de la mano del saetero Manuel Cuevas, quien sorprendió a los allí presentes rezándole con su voz a ambos titulares.

Tras el encuentro donde también sonaron marchas, ambos titulares volvieron a su capilla, ya casi todo estaba consumado.

Y digo casi por que la Soledad y Desamparo también realizó un encuentro en la tarde noche del Sábado Santo en Las Calatravas.

Madrid cerraba su Semana de Pasión con El Pobre a las puertas de San Pedro y el Resucitado presidiendo San Ginés.

Abajo el telón, que merecemos un descanso.

Enhorabuena Madrid, has estado a la altura.

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