lunes, 8 agosto 2022
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De Ginebra a Madrid: 80 años tras tu regreso

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Redacción: Sergio Úbeda.

Fotografías: Jorge Renedo y Joaquín Bernal.

Madrid, cinco de octubre de dos mil diecinueve. Una ciudad, una devoción a nivel nacional, una efeméride, un recuerdo que quedará para muchos grabado en la memoria.

Aquella tarde soleada de sábado, la Archicofradía de Jesús de Medinaceli escribía un capítulo más en su larga historia.

Ochenta años se celebraban del regreso de su Cristo a Madrid tras la Guerra Civil. El Señor de Madrid, el de muchos fieles y devotos que, llegados de todas las partes del país, no quisieron perderse este acontecimiento.

A las ocho de la mañana, se abrían las puertas de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena y a los pies de la patrona de Madrid, se encontraba su hijo, Nuestro Padre Jesús de Medinaceli.

El Señor, en su trono, remodelado en 2018 para ser un paso procesional a la usanza de Málaga, portaba la recién restaurada túnica del s.XIX, trabajo realizado por doña Silvia Romero y en la cual, se encuentran reflejados los atributos de la pasión. El paso aparecía exorando con flores en tonos blancos, nardos, rosas, lilium…

A las doce de la mañana Monseñor José Cobo, Obispo auxiliar de Madrid, presidía la Solemne Eucaristía de Cristo Rey, preparada con todo detalle por el Cardenal Osoro que se encontraba en Roma.

Una celebración a la que no le faltó ningún detalle y en la cual, la cantante malagueña Diana Navarro, cantó el Padre Nuestro. Al término de la misma, se procedió a la entrega de la medalla y el escapulario de esclavo a la Virgen de la Almudena.

Ya en la tarde, a partir de las cinco, se empezaron a formar los tramos del cortejo, con unos 300 esclavos, estando el último conformado por las representaciones de otras hermandades, tanto de la capital como de fuera de ella.

Las puertas centrales de la Catedral se abrieron para dar paso a la comitiva, que avanzaba por la rampa habilitada en la entrada, mientras que en el interior de la misma, se estrenaba la marcha “Jesús de Medinaceli” de Manuel Ortíz Loro, por parte de la BMS La Lira de Pozuelo, encargada del acompañamiento musical.

Sonó la campana y tras levantarse por primera vez, se acercó al dintel de la puerta principal de la Catedral, que da la Plaza de la Almudena y el Palacio Real.

Poco a poco fue avanzando la procesión, y cada levantada del trono era realizada por los miembros de la Junta de la Archicofradía.

Al llegar a la Plaza de la Villa, en uno de los balcones que dan a ella, esperaba su llegada el artista jerezano Juan Peña, que le dedicó una saeta. Tras ello, la noche iba tomando protagonismo y Jesús de Medinaceli llegaba a la céntrica Puerta del Sol.

Allí, en el balcón de la sede de la Comunidad, se encontraba Diana Navarro, preparada para cantarle al Señor e impactada con la escena de una plaza llena de gente, esperando a vivir ese momento.

Tras la saeta en Sol, la comitiva tomaba rumbo a la calle Alcalá, hasta la Iglesia de la Concepción Real de Calatrava «Las Calatravas» donde tuvo lugar el encuentro con la Virgen de la Soledad y el Desamparo.

Chicotá a chicotá, Jesús de Medinaceli iba llegando a su Basílica, no sin antes pasar por la Carrera de San Jerónimo, lugar de acceso al Congreso de los Diputados, donde sonó el Himno de España.

Tras ello, enfiló su calle, con todo preparado para la entrada y la sorpresa de Manolo Cuevas cantándole una saeta a su llegada.

Una vez terminada, la imagen se dispuso a entrar a su basílica y así Madrid, ponía el broche de oro a una de las mejores extraordinarias que recuerda y recordará la ciudad en mucho tiempo.

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