Historias de imagineros: Fernando Castejón López

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Unción religiosa reconocida por la autoridad eclesiástica

La vida de Fernando Castejón se encuentra indisolublemente unida a la de la imaginería, no en vano comenzó su aventura a la temprana edad de 12 años.

Después de treinta años de profesión, es imposible no volver la mirada atrás y recordar los momentos más intensos en los que fue testigo de excepción del milagro de la transfiguración del barro o de la madera en el propio Hijo de Dios, Su Santísima Madre o cualquiera de aquellos que fueron testigos de su Pasión, Muetre y Resurrección o colaboraron en la difusión de Su palabra.

¿Acaso alguien duda de que esmos hablando de vocación en el más estricto sentido y significado del término?

Hay elegidos por aquellos que allá residen para que transmitan Su mensaje de modo plástico, don que se concede a aquellos que serán a su vez testigos de acontecimientos asombrosos e incluso, a veces, difíciles de creer.

Muchos cofrades sevillanos asocian el nombre de Fernando Castejón con la autoría de las imágenes de la hermandad madre del barrio de Pino Montano.

Si bien la obra del escultor e imaginero es mucho más amplia, no deseamos defraudar a quienes resumen en exceso la prolífica carrera profesional de Fernando, y es por ello que será del agrado de todos conocer los hechos que paso a narrar, relacionados con la Virgen del Amor, titular de la hermandad de vísperas referida.

Contemplar a esta bella Dolorosa y ponerse a rezar se conciben como unidad. Ese rostro, ese dolor, esa pena, no pasan desapercibidos a quien contempla los ojos llorosos del viernes de las Lolas.

Nos remontaremos en esta ocasión al besamanos de Aquella que reparte Amor a expuertas dos días antes de que haga los propio Su Hijo desde la parroquial de El Salvador.

Fernado acudió, fiel y puntual, a su cita anual para postrarse y besar las preciosas y puras manos de la Virgen. A continuación, se retiró a un rincón en el que poder meditar y reencontrarse consigo mismo.

De repente, se le acercó una señora, anónima, que le preguntó si era él el autor de tan delicada talla. Al recibir la afirmativa respuesta, tomó las manos del artista entre las suyas, ajadas y vencidas, las besó y, sin soltarlas, le confesó que su hijo la había enviado al emotivo besamanos.

El remitente del encargo se encontraba ingresado en el hospital recuperándose de una grave enfermedad, postrado crónicamente en una cama desde la que solo acertaba a atisbar la luz del sol o de la luna, que se reflejaban en las paredes blancas indicándole si era la noche o el día quien mandaba sobre las arenas del tiempo.

Siguió su relato entre lágrimas la señora, quien confesó no haberse separado de su retoño desde el mismo momento del ingreso. No obstante, había accedido a desplazarse aquel día a su barrio para poder besar las manos de aquella que regala esperanza.

Era la primera vez que se separaba de aquel a quien tanto quería, y reconocía haber puesto inconvenientes para abandonar su encierro solidario. Accedió solo debido a la insistencia del peticionario.

Sin soltar las manos de Fernando, siguió contando su historia la confidente, reconociendo que se alegraba de haber obrado así, pues la sola presencia de la Virgen del Amor la había reconfortado.

Fotografía: Francisco Javier Montiel

Fernando le deseó lo mejor a ella y a su hijo y les aseguró que la Dolorosa que habían creado sus manos por directrices divinas no les defraudaría.

La mujer se alejaba y Fernando tuvo que cerrar sus ojos, emocionado, recordando, una vez más, la importancia que juega el imaginero, siempre al servicio de Dios para que Su Mensaje no quede resumido en palabras carentes de sentido.

Fernando sigue emocionándose cada vez que contempla cómo personas a las que no conoce (y las que conoce también) se postran ante sus obras y rezan, lloran e imploran perdón. Es estonces cuando toma conciencia de la divina tarea que le ha sido asignada. Es un elegido que asume su trabajo intentando no defraudar a quienes buscarán su abrigo en una simple mirada, en el simple beso de una mano, en un simple guiño de un destino encriptado.

Ello se resume en dos palabras: Fe y Devoción.

Fernando sigue trabajando bajo estas premisas y tiene la suerte de haber sido reconocido autor de imágenes un sagrada unción por el propio Obispo de Sevilla. Todo un honor que él timidamente reconoce sin dar más importancia que la que merece.

Es el momento para realizar una visita a la humilde sede de esta hermandad y comprobar que lo que aquí se narra no es más que el sencillo resumen de la breve historia de una viva devoción: la devoción de un barrio.

Francisco Javier Torres Gómez

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