lunes, 15 agosto 2022
Booking.com

Historias de imagineros: Antonio Dubé Herdugo

Booking.com
3,183FansMe gusta
5,578SeguidoresSeguir
2,983SeguidoresSeguir
489SuscriptoresSuscribirte

Cinco lágrimas para cinco angustias

Dice un dicho popular que «de tal palo, tal astilla». No hay que tomárselo al pie de la letra. La historia que les paso a narrar no está protagonizada por un palo ni por una astilla, sino por unas manos milagrosas que saben dar vida a la madera, esté o no astillada la misma.

La madera habla, ya lo hemos comprobado. Pero también lo hace el corazón.

Confieso que pertenezco a uno de los mejores grupos de «wasap» que se puedan imaginar, pues para participar en él hay que ser artista (sin asteriscos) o ser un apasionado del Arte. Cuando me invitaron a entrar en tan selecto círculo,no pude negarme pues soy un gran amante del Arte en su más amplio espectro, y del religioso en particular.

Así, virtualmente, entré en contacto con Antonio Dubé Herdugo. Conocía la trayectoria artística de su padre, quien fue padrino de mi hijo para su incorporación a la hermandad servita de Sevilla. La obra de Antonio empecé a conocerla a partir de entonces, y me cautivó.

Antonio es una persona entusiasta y constante, es responsable y, sobre todo, un gran compañero y amigo. También es un gran imaginero, afirmaciones todas ellas que no admiten duda.

Antonio se crió, como lo hicieran la Roldana y otros muchos hijos de imagineros, entre proyectos, dibujos, bustos de barro y obras de madera. Dicen que quien aprende a amar ese aroma, muere con el mismo tatuado en la pituitaria.

Fiel admirador de la obra de su padre, quiso aprender el oficio y se convirtió en discípulo aventajado, compartiendo espacio de trabajo y conversaciones con uno de los más afamados imagineros del siglo XX-XXI. Si a ello le sumamos los refrigerios, las correcciones del maestro, las órdenes tajantes… aquel taller trianero se parecería mucho al del mismo Martínez Montañés en siglos lejanos en el tiempo.

Y el aprendiz se fue forjando en el arte de crear imágenes destinadas al culto…

Corría el año 1999 cuando Antonio recibió su primer encargo. Es una fecha que nunca se olvida. La hermandad del Descendimiento de Baeza poseía un conjunto escultórico de escayola que había decidido sustituir por imágenes talladas en madera. El encargo recayó en un buen escultor, versátil, pero la corporación no quedó satisfecha con las primeras imágenes entregadas, razón por la que decidió rescindir el contrato con el mismo.

Es entonces cuando acuden al obrador del afamado escultor Antonio Joaquín Dubé de Luque, quien no acepta el trabajo debido al gran número de encargos pendientes.

Viendo los cofrades desplazados a Sevilla que aquel joven tenía maña, se interesaron por la segunda opción. El padre dejó que Antonio decidiera, asegurando que su vástago estaba sobradamente preparado para dar su salto al ruedo.

Imaginemos a un Antonio nervioso: le estaban ofreciendo un encargo, y no uno cualquiera. Se trataba de un Descendimiento. La responsabilidad luchó con la ilusión y ambas ganaron con la aceptación del trabajo. Comenzaba un camino que llega hasta nuestros días y que se proyecta en un futuro aún por llegar.

Comenzó el hijo a desprender la madera que le sobraba al bloque para que aflorase la Madre de Dios. Aquella mujer miraba hacia arriba e iba tomando tintes de humanidad con el paso de los días. El padre daba algún que otro consejo, pero otorgaba total libertad a quien se estaba labrando un prometedor futuro. Por fín, María en su Quinta Angustia se convirtió de sueño en realidad.

Para la ocasión, la puesta de largo, Antonio Bejarano vistió a la Dolorosa en tiempos en los que ya estaba «de recogida» en su indiscutible y excelso arte de vestir imágenes.

Imagen vestida por Antonio Bejarano

Llegaron los cofrades jiennenses a recoger a su Virgen y… fue tal la impresión que esta les causó, que quisieron llevársela vestida tal como el maestro la había preparado. Incluso procesió con el excelente atrezzo. El duo Dubé-Bejarano se había convertido en indisoluble.

Pasó el tiempo y llegó el momento de presentar a la Señora en sociedad. Allí, en casa, todos eran piropos para la talla y para su artífice. Quien contempla a esa mujer en Su Quinta Angustia no puede permanecer indiferente a Su dolor, resumido en tantas lágrimas como angustias pasó Aquella que debía rescatar el cuerpo muerto de Su Hijo de la cruz.

De repente, una señora entrada en años se acercó al joven y le preguntó si era él el que había tallado tan bella imagen. Recibiendo una afirmación como respuesta, tomó las manos del artista, cariacontecido, y se las acercó al corazón. Una transmisión de fuerzas parecía estar teniendo lugar. No hubo palabras. No hacían falta.

La mujer se despidió y partió mientras Antonio permanecía quieto, sin poder articular palabra alguna. Fue entonces cuando recordó las palabras de su padre: » nosotros solo somos herramientas. El escultor es el de arriba», y tomó definitivamente conciencia de la importancia de su oficio y de cómo la madera puede convertirse en vida que regala vida.

El imaginero pasa, de modo obligatorio a un segundo lugar.

Fotografía: Francisco Galiano

Antonio nunca lo supo, pero aquella mujer había sido diagnosticada de cáncer de mama en estadio avanzado, y pese a ello, vivió muchos más años de los esperados, acudiendo cada año, como no podía ser otra forma, a la salida procesional de ese misterio del Descendimiento que tanta salud le dió.

Francisco Javier Torres Gómez

¿Te ha gustado este artículo? ¡Compartelo!

Más noticias de Diario de Pasión

spot_imgspot_img
spot_imgspot_img
Booking.com
3,183FansMe gusta
5,578SeguidoresSeguir
2,983SeguidoresSeguir
489SuscriptoresSuscribirte