miércoles, 10 agosto 2022
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Cuaresma de efemérides. La Paz de Cristo en forma de escapulario

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El vía Crucis extraordinario de la hermandad del Carmen constituye otro escalón a la Semana Santa

Fotografía: Joaquín Galán

Aún permanecen grabados en mi retina aquellos Viernes de Dolores en los que conseguía engañar a mis padres utilizando cualquier excusa para que nos acercásemos a los aledaños de calle Feria para comprobar como aquella joven hermandad salía a la calle para demostrar que la visual es otra variedad de catequesis.

El Señor de la Paz, solo entre cuatro luminarias, visitaba a todos aquellos vecinos a los que le daba tiempo en el breve itinerario diseñado a tal efecto. A los demás les reservaba la noche cerrada para ayudarles en todo lo posible. Ello era posible pues solo el Hijo de Dios tiene la facultad de atravesar muros imposibles, ya sean de cemento o de carne humana.

Y así es como curaba los corazones pobres de esperanza. Berlanga, el de tan bravo carácter ya había cumplido su promesa de tallar una Virgen digna de Su vástago, y la llamó Carmen. Pero Carmen esperaba en casa a que regresara Jesús para hacerle el relato pormenorizado de su corto viaje.

Cristo, cautivo por los sueños, tardaría más que nunca en ser negado. Y el gallo… permanecía en el silencio de la madera en el taller de Francisco Reyes Villadiego. No había prisas. No era el momento de montar un pretorio y romper la magia del momento.

Todo es cíclico. Los años pasan y la ilusión es la misma. Hoy, veinticinco años después, vuelvo a encontrarme con Él y le cuento cómo me ha ido durante este tiempo. Me sonríe, pues quiso regalarme el privilegio de ser el primero en plasmar su majestuoso misterio en aquel inolvidable cartel anunciador del Viernes de Dolores, y aquello volvió a unirnos, si es que alguna vez estuvimos separados.

No os fijéis en sus manos atadas, pues aún así es capaz de hacer milagros. Yo lo sé. Pero no quiere ser liberado, y de este modo nos demuestra que todos somos presos y que la libertad nos ha sido prometida. Salid a su encuentro y comprenderéis. Corred, que el gallo aún no ha cantado y Pedro no ejerce de cancerbero en el Cielo al que llegaremos con tan solo cruzar nuestra mirada con la Suya.

Pasan las horas y Carmen se inquieta pues es lógico que una madre se preocupe cuando se hace de noche y el hijo no ha vuelto a casa. Jesús no se ha equivocado. Sabe perfectamente que en la Alameda, en la pequeña ermita también reside su madre, Carmen, siempre Carmen. Es por ello que parará a visitarla y se sentirá como en casa aunque Carmen también aguarde en la calle Feria.

Fotohgrafía: Joaquín Galán

No me preguntéis cómo es ello posible. Los milagros son cosa de ellos…

Francisco Javier Torres Gómez

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