miércoles, 29 junio 2022
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Sol para la Estrella, dolor en Medinaceli y un sobrio Miserere en el Martes Santo abulense

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Tarde de contrastes en el Martes Santo en Ávila. Era el último día con previsiones negativas en cuanto a las precipitaciones, y la capital amurallada sabía que alguna de las tres procesiones no podría salir de su templo aquella jornada.

Sorprendentemente, el sol de las cuatro de la tarde permitió que se abrieran las puertas de Santa María de Jesús (Las Gordillas) para recibir a la esencia sureña de la Semana Santa abulense: la Hermandad de la Estrella. Tras los tres toques del Diputado Mayor de Gobierno, salía la Cruz de Guía, seguida del Senatus con el lema «SPQR», tan desconocido en estas tierras castellanas, y los altos capirotes blancos de cinturón ancho de esparto comenzaban a subir las escaleras que les llevaban a la calle Cristo de la Luz. Jesús Redentor ante Caifás salía del templo, rozando el suelo, ante la atenta mirada del público, hasta que, tras una saeta, la levantada del capataz dejó ver el frontal tallado de la canastilla, estreno de este año, y escuchar la Marcha Real de la banda de «El Amarrado».

Salida de Jesús Redentor ante Caifás, colocación de Sus potencias y subida a la calle Cristo de la Luz. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Subían los costaleros las empedradas escaleras a las cuatro y media de esa soleada tarde, en la que nadie daba crédito, pues era la hora en la que se preveían las precipitaciones. Llegaba el cortejo al Convento Carmelita de San José (Las Madres) y se hacía Estación de Penitencia.

Las mantillas, con escapulario blanco y azul, acompañaban a Nuestra Señora de la Estrella en Su petalada de salida. La Virgen morena daba un respiro a Sus devotos y podía salir en Su Martes Santo.

Nuestra Señora de la Estrella a Su salida de Las Gordillas y en la Calle San Segundo. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Al llegar a la Plaza de Santa Teresa, las nubes, de un tono muy oscuro, empezaban a cubrir el cielo. Ya de regreso, el cortejo aceleró su paso para evitar la lluvia, que parecía inminente. A las ocho menos cuarto de la tarde entraba el Misterio, a sones de «Desde el Corazón», sin ninguna dificultad. Era el palio, al filo de las ocho de la tarde (media hora antes de lo previsto), al llegar a Las Gordillas, el que recibía la abrumadora lluvia que descargó sobre Ávila. Rápidamente bajó las escaleras y accedió al templo. Habían, al menos, culminado su Estación de Penitencia. Satisfacción en los hermanos.

Era la Archicofradía de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli la que, a las nueve de la noche, debía salir en procesión desde la Catedral. El cortejo más numeroso de la Semana, en cuanto a nazarenos se refiere. Expectación, decepción, esperanza por un cese de la lluvia a partir de las nueve, eran los sentimientos que afloraban en el primer templo. El morado y oro llenaba la Catedral.

Nazarenos de la Archicofradía esperando para el inicio de la Procesión, que finalmente se suspendió. Llanto de los braceros. Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli se mecía en la Catedral. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Y llegaron las nueve de la noche. Parecía dejar de llover y la Junta Directiva se reunía para deliberar. Otra borrasca se aproximaba para las diez. Las primeras lágrimas aparecían entre los hermanos. El presidente de la Archicofradía anunció que a las nueve y media se expondría la decisión final.

Una cortina densa de agua caía en la plaza. A la hora anunciada, se suspendía la Procesión. Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli se levantaba, y se mecía a sones de «María Santísima del Rocío» de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía Penitencial de Nuestra Señora de la Piedad de Valladolid. Después fue «La Saeta», de las cornetas de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Atado a la Columna de Medina del Campo. La levantada posterior fue dedicada a cada familiar fallecido, o enfermo, de los braceros del Señor. Llanto desconsolado bajo el paso. Emoción incontenida en la Catedral. El Sr. Obispo accionaba el llamador, y en la oración final recordaba que Cristo siempre permanece junto a nosotros, como estuvo en la pandemia. El Nazareno volvía a Su lugar en la Seo y finalizaba el Acto, a sones de la Marcha Real.

El Señor de Medinaceli fue mecido por Sus braceros en la Catedral.

En la ermita del Humilladero tampoco eran positivas las noticias. Los hermanos del Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz aguardaban la decisión que el Patronato de Ánimas iba a tomar. La lluvia cesaba a las once y media, y la borrasca se disipaba. Se salía aquella noche. Antes de las doce, la Cruz de Guía de Ánimas ya estaba saliendo de la iglesia de la Magdalena. Sonaban las cadenas de los penitentes. Los verdugos y capas negras, las túnicas blancas, el fajín y puñetas azules y las velas de los faroles de los cien encapuchados que pueden conformar esta comitiva inundaban la Plaza de Santa Teresa. El arrepentimiento de Santa María Magdalena volvía a buscar el perdón del Maestro. Subía el desfile la calle de la Muerte y la Vida, la estampa más característica de la Semana Santa de Ávila. Solo las cajas chinas rompían el silencio. El sonido ronco de la carraca y el incienso evocaban la oración. La Catedral, que habría acogido a Medinaceli minutos antes ya de regreso, era testigo del caminar del austero cortejo.

Comitiva y cadenas de un penitente de la Procesión del Miserere. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Los hermanos de la Santa Vera Cruz, precedidos por su Estandarte corporativo, salían al encuentro de los de Ánimas desde la ermita del Humilladero. Ya en la Glorieta que lleva el nombre de la decana de las entidades, la de Vera Cruz, aguardaban a la Procesión para incorporarse a ella. Y esto mismo sucedía a las doce y media de la noche. La concordia se renovaba de nuevo, como ya se hizo en 1713, y en esta Procesión desde 1993. Ambos Patronatos, escoltando a la Magdalena, llegaban a la ermita, donde la Santa Mujer se postró ante el Señor de Ávila, el Santísimo Cristo de los Ajusticiados. Sonaba el Miserere por parte de la Coral «Amicus Meus».

El cortejo en la Calle de la Muerte y la Vida, la estampa más característica de la Semana Santa de Ávila. Encuentro de la Procesión con el Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz en su glorieta en San Vicente.

La despedida entre entidades tenía lugar en la Avenida de Portugal, dirigiéndose el desfile procesional de nuevo a la Magdalena, donde se recogió sobre la una y media de la madrugada, en el silencio de la noche oscura del alma abulense, y con los cantos de la coral, que se escucharon en el interior del templo.

Santa María Magdalena en la ermita del Humilladero, sede del Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz, frente al Santísimo Cristo de los Ajusticiados, renovando la concordia entre entidades a sones del Miserere. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Dos espectaculares procesiones, que no pudieron ser tres a causa de la climatología. Al menos quedó el consuelo de ser la última jornada con suspensiones debido a la lluvia.

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