miércoles, 29 junio 2022
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La Pasión y el Santo Entierro vistieron de luto a Ávila en su Viernes Santo

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La mañana del Viernes Santo hacía rebosar el casco histórico abulense de devotos realizando su particular recorrido por los siete Monumentos de Exposición del Santísimo Sacramento. De esta manera se recuerdan los siete lugares de Dolor por los que el Señor transitó la noche del Jueves y mañana del Viernes, desde Getsemaní hasta el Gólgota, pasando por la Casa de Anás, Caifás, el Palacio de Herodes y el Pretorio, en la Fortaleza Antonia, donde fue juzgado, flagelado y condenado a muerte, y una muerte de Cruz.

A las doce de la mañana, la iglesia episcopal de San Ignacio de Loyola acogía el Sermón de las Siete Palabras, al que asistían las cofradías penitenciales y la Junta de Semana Santa, portando sus hábitos procesionales sin capucho, y con sus Estandartes corporativos en el presbiterio. El predicador de esta edición, en conmemoración del Año Jubilar por el IV Centenario de la Canonización de Santa Teresa, fue el Rvdo. Padre. D. David Jiménez Herrero, prior del Convento de RR.PP. Carmelitas de «La Santa», Casa Natal de la Mística.

Ya al caer la tarde, pasadas las ocho horas, partía de la Catedral la Procesión de la Pasión y Santo Entierro. La Cruz de Guía del Ilustre Patronato de la Purísima Concepción, Santa María Magdalena y Ánimas Benditas del Purgatorio, que organizó la noche del Martes la Procesión del Miserere, partió del templo, acompañada de las entidades que no aportaban Paso esa noche. La Hermandad de Nuestra Señora de la Esperanza, el Ilustre Patronato de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de las Vacas, la Hermandad de Nazarenos de Jesús Redentor ante Caifás y Nuestra Señora de la Estrella, el Patronato de Ánimas, ya citado, con su Estandarte, la Cofradía de los Afligidos y la Hermandad de los Estudiantes, con su Estandarte y los Guiones de las Siete Palabras, respectivamente, además de tres tambores con el hábito de la Junta de Semana Santa. Acompañaba también la Cofradía del Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora del Buen Suceso.

Primera parte de la Procesión, con los nazarenos de las diversas entidades, a su paso por la Plaza de la Santa.

Era el turno de la Cofradía de Nuestra Señora de la Soledad, que, con una representación, alumbró a la Cruz Desnuda, que procesionaría el Sábado Santo, y que abría este desfile procesional. Le seguía el Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz, cuyo cuerpo de nazarenos acompañó al Paso de «El Prendimiento» en su transitar por el empedrado. Conjunto perfecto para introducir el resumen de la Pasión rememorado durante la Semana.

«El Prendimiento», del Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz, a su paso por el Paseo del Rastro.

De forma muy numerosa, puesto que no pudieron procesionar el Martes, hicieron su salida de la Catedral los hermanos de la Archicofradía de la Real e Ilustre Esclavitud de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli, precediendo a su talla Titular, portada por Sus 28 braceros, a paso lento y marcado por las marchas de la Agrupación Musical «Amor y Paz» de Guadalajara, que, tras la Marcha Real, entonaba «Callejuela de la O». El Señor, maniatado y cautivo como un malhechor, era escoltado por la Policía Nacional.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli a Su paso por la Plaza de la Santa.

Llegaban las ocho y media de la tarde, y partía del templo el Santísimo Cristo de las Murallas, escoltado por un piquete de Policía Local vestido de gala. En esta edición la talla del Santísimo Cristo era portada al estilo castellano, por seis anderos, tumbado, y alumbrado por dos hachones de cera granate, de forma sobria y solemne. Procesionaba precedido de Su Estandarte y del Presidente y miembros de la Junta Directiva de la Junta de Semana Santa, que desfilaban con túnica y capucho de terciopelo negro, capa de terciopelo rojo, cíngulo negro y rojo y guantes blancos. La indumentaria propia de la Junta de Semana Santa, que también lucían los anderos, aunque con verdugo. Tras el Santísimo Cristo procesionaban las representaciones de las entidades penitenciales de la Semana Santa abulense.

Santísimo Cristo de las Murallas a Su paso por la Plaza del Corral de las Campanas. Imágenes todas de Gonzalo González de Vega y Pomar.
Santísimo Cristo de las Murallas, portado de forma sencilla en un estilo castellano por seis anderos, en la Plaza del Teniente Arévalo.

Después era el momento de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias, que procesionó la tarde del Miércoles, y que siempre ha aportado a Su imagen Titular para participar en esta Procesión.

Desde San Ignacio de Loyola partían los hermanos de la entidad organizadora de esta Procesión, incorporándose al resto de cofradías. El Real e Ilustre Patronato de Nuestra Señora de las Angustias y Santo Sepulcro, con sus nazarenos de capucho y túnica de raso negro y fajín púrpura, efectuaba su salida a las nueve menos veinte de la noche.

Salida del Real e Ilustre Patronato de Nuestra Señora de las Angustias y Santo Sepulcro de la iglesia de San Ignacio de Loyola.

Salida del Santo Sepulcro a la Plaza del Teniente Arévalo.

Los nazarenos más jóvenes con los atributos de la Pasión seguían al Estandarte corporativo. Sonaba el Himno Nacional por parte de la Banda de Música de Ávila, y partía del templo el Santo Sepulcro, portado por 18 anderos del Santísimo Cristo de las Batallas. Era escoltado por la Guardia Civil.

Las mantillas del Patronato acompañaban a la Virgen Dolorosa, de luto riguroso, en Su salida de San Ignacio. Tras Ella, el Sr. Obispo, la autoridad eclesiástica, la Corporación Municipal vestida de luto y la Banda de Música de Ávila, que cerraba el cortejo. El Patronato se incorporó a la Procesión en la Plaza de la Catedral, al ritmo de la marcha «Concha».

Salida de la Virgen Dolorosa de San Ignacio de Loyola.
Santo Sepulcro en la Calle Alemania. Imágenes todas de Gonzalo González de Vega y Pomar.

El desfile recorrió la Calle San Segundo y el Paseo del Rastro, llegando a la Plaza de la Santa a las diez menos cuarto de la noche. El lento caminar de la comitiva permitió que el atardecer tornase en oscuridad a las imágenes a su paso junto a la Muralla.

Santo Sepulcro en la Plaza de la Catedral.

Nuestro Padre Jesús Nazareno de Medinaceli cruzaba de rodillas el Arco de la Santa, tras lo que, a sones de «Presentado a Sevilla» llegó a la Plaza del Corral de las Campanas.

Ya de regreso, los cuatro primeros Pasos enfilaron la Calle Alemania para entrar en la Catedral. La Cruz Desnuda y «El Prendimiento» fueron los primeros en recogerse, seguidos del Señor de Medinaceli, que recorrió la Plaza con «Y al tercer Día», para finalizar con la Marcha Real, que también se entonó para el Santísimo Cristo de las Murallas.

Nuestra Señora de las Angustias permaneció en la Plaza del Teniente Arévalo, siendo testigo de excepción de la entrada del Santo Sepulcro y de la Virgen Dolorosa, en medio del silencio solo roto por las marchas fúnebres. Emotivo final que culmina el Misterio de la Muerte del Redentor.

Nuestra Señora de las Angustias fue testigo de la llegada a la Plaza del Teniente Arévalo del Santo Sepulcro.

La Madre de las Angustias regresó de nuevo, acompañada de Sus cofrades, a San Nicolás.

Virgen Dolorosa en la Plaza del Teniente Arévalo, minutos antes de entrar de nuevo en San Ignacio. Imágenes todas de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Finalizaba así, pasadas las once y cuarto de la noche, la Procesión, que llevaba sin realizarse desde 2017, a causa de la climatología y la pandemia, pero que volvió a las calles para que Ávila entera mostrase sus respetos al Señor en el Sepulcro y consolase el dolor de la Madre afligida.

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