miércoles, 29 junio 2022
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La esencia franciscana de la Santa Vera Cruz protagonizó el Jueves Santo en Ávila

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Si la Semana Santa abulense es tal y como hoy la conocemos, es gracias a unos orígenes de hondas raíces. Aunque ya existían Patronatos de Gloria o entidades penitenciales dedicadas al socorro de los necesitados, es en 1540 cuando se inicia esta centenaria tradición en la capital amurallada. Un 21 de marzo de dicho año, partía del Convento del Seráfico Padre San Francisco (hoy Auditorio Municipal) la Santa Cruz, una talla de las mismas fechas, cuyo policromado fue realizado por Diego de Rosales, escoltada por los penitentes y flagelantes de la Cofradía Penitencial que se había fundado apenas una semana antes: el actual Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz.

Desde entonces, y a excepción de estos años de pandemia y de la Guerra de la Independencia en 1808, nunca ha dejado de procesionar. 482 años de Historia que se reviven cada Jueves Santo en Ávila. Este era el primero que procesionaba con el título de «Real».

Esta pasada Semana Santa, el Jueves de la Cena amanecía radiante. Los nazarenos del Patronato, de sarga morada en capucho y hábito, que procede del sayal franciscano, capa de terciopelo granate, guantes blancos y cíngulo amarillo, se iban agrupando en torno a la ermita del Humilladero, su centenaria sede canónica. Se acercaban las doce de la mañana, y el Traslado de la Santa Cruz, talla Titular de la entidad, (este año, una réplica procesional), y el Santísimo Cristo de los Ajusticiados estaba a punto de iniciarse.

Minutos antes de la hora anunciada comenzaba en la ermita el acto de Bendición de la réplica procesional de la Santa Cruz, realizada a partir de una digitalización de la original, debido al frágil estado de conservación de ésta, y del nuevo Estandarte para esta imagen, estrenos principales de este año. El Consiliario de la entidad, el M. Iltre. Sr. D. Fernando Gutiérrez Santamaría, expuso el Acto que iba a tener lugar. Posteriormente, el Secretario del Patronato leía los conocidos versos de Santa Teresa, «en la Cruz está la Vida y el Consuelo, y Ella sola es el camino para el Cielo…».

Se bendecía la talla y el Estandarte, y tras ello, se organizaba el desfile. Sonaban las campanas que anunciaban la hora. El Estandarte corporativo, Cruz de Guía del Patronato, iniciaba la comitiva, seguido del grupo de tambores y los Estandartes de los Pasos que procesionarían durante la tarde. Los nazarenos de vela los acompañaban formando a los lados.

La Santa Cruz salía del pequeño templo y se alzaba en la Calle Humilladero. Pausadamente iniciaba su caminar, al ritmo marcado por sus ocho anderos. La seguía el Santísimo Cristo de los Ajusticiados, que, portado al hombro por doce hermanos, discurría ya por el empedrado de la Plaza de San Vicente.

La luz radiante del sol iluminaba el caminar del Traslado a su paso por la Glorieta del Patronato, para, encaminándose por la Calle San Segundo, entrar a la Catedral al filo de la una menos cuarto de la tarde, cruzando la Puerta de los Apóstoles.

Traslado de la Santa Cruz y el Santísimo Cristo de los Ajusticiados a la Catedral desde la ermita del Humilladero la mañana del pasado Jueves Santo. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

A las ocho y media de la tarde partía la Procesión de los Pasos de la Catedral. La Cruz de Guía y el primer tramo de nazarenos daban paso a la Santa Cruz, que, de nuevo en andas y con un elegante exorno en tonos púrpura y fucsia, recorrió la Plaza y encaró la calle El Tostado, acompañada del sonido de tambores. Después era «La Santa Cena», copia de la obra de Salzillo, que, en tonos naranjas y rebosante de piezas de pan y fruta, sorprendía a los asistentes y suscitaba la emoción en los devotos. «La Oración en el Huerto», también de esencia murciana, salía del templo a las nueve menos veinte minutos, iniciando la Pasión propiamente dicha.

Santa Cruz y «La Santa Cena» saliendo de la Catedral en la Procesión de los Pasos. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Tras el tercer Paso, era el turno de la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Ciudad Rodrigo (Salamanca), que, con su hábito negro y capa de raso púrpura, se complementaba a la perfección con los penitentes del Patronato. Sonaba «La Sentencia de Cristo».

Detalle de «La Santa Cena», «La Oración en el Huerto» y la Banda de Cornetas y Tambores de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Ciudad Rodrigo (Salamanca).

Volvían los hachones de madera, coronados con una vela roja, a discurrir por el firme. Cuando la Procesión llegaba a la Calle Lope Núñez, se realizaba una audiodescripción de la misma a personas con discapacidad visual y auditiva. Una magnífica forma de adaptar nuestra Semana Santa.

«El Prendimiento», a semejanza del grupo de Salzillo, era el siguiente conjunto en salir del primer templo abulense. Miradas, sentimientos, expresividad en las tallas. Todas plasman con realismo y acierto la incertidumbre y serenidad del Maestro o la furia de Pedro.

El Santísimo Cristo Atado a la Columna, precedido de Su tramo de nazarenos, se hacía presente en la Plaza a las nueve menos diez minutos. Una imponente talla de 1573. La Cruz de Guía ya llegaba a la Plaza de Zurraquín para entonces. Protección Civil lo acompañaba, escoltándolo.

«La Caída», uno de los conjuntos más detallados de la Procesión, partía también de la Seo. El Santísimo Cristo que lo preside, con túnica de raso púrpura brocada en oro, encogía el alma de los devotos con Su mirada perdida y doliente.

A las nueve de la noche era «La Santa Faz» la que realizaba su salida. Paso que estrenaba nuevo trono y ajuar procesional, con una saya de terciopelo liso burdeos con motivos dorados para la Santa Mujer Verónica y una nueva túnica de terciopelo morado bordado al estilo barroco, para el Nazareno con la Cruz a cuestas. De nuevo los rostros, los gestos de las tallas, sobrecogían. El Cuerpo Nacional de Policía, como Hermano de Honor, lo escoltaba.

«La Caída», a su salida de la Catedral.
«La Santa Faz», saliendo del primer templo abulense. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Sin duda, uno de los momentos más emotivos fue el discurrir de «La Tercera Palabra» por el empedrado, precedida por la Banda de Música de Ávila, a sones de «Hosanna in Excelsis». El reciente fallecimiento del Conde de Orgaz, Hermano de Honor del Patronato y que cede cada año el Crucificado de este Paso, llamado de Anaya, era honrado con un crespón negro en uno de los ciriales de esquina. María Santísima en Su Quinta Angustia y San Juan Evangelista, este año con nueva túnica y mantolín, portando una palma, atendían a las palabras del Maestro en la Cruz. Desfilaba escoltado por la Policía Local, Hermana de Honor.

Banda de Música de Ávila tras «La Santa Faz», aportando el toque solemne a la última parte de la Procesión.
«La Tercera Palabra», discurriendo por la Plaza de la Catedral.

Y a las nueve y cuarto ya de una noche que caía en Ávila hacía Su salida el Santísimo Cristo de los Ajusticiados. El de la Cruz Verde. El Señor de Ávila. La devoción por excelencia de la ciudad. En Su barroco Paso dorado desfilaba, camino de recorrer el casco histórico. Era escoltado por la Guardia Civil, Hermana de Honor de la entidad. Un Cristo agonizante, que, iluminado por sus velas de cera púrpura, quebraba la emoción del público que, en silencio sepulcral, Le honraba con sus oraciones.

Otro de los estrenos fue el incienso, que llenó de solemnidad el último tramo del cortejo, envolviendo al Santísimo Cristo de espiritualidad y devoción.

La extensa comitiva llegaba a la Plaza del Mercado Chico al filo de las nueve y media de la noche, transitando todos los Pasos ante la atenta mirada de miles de abulenses y turistas, que abarrotaban las calles en la Procesión más característica de la ciudad. Sonaba «Santísimo Cristo de la Sangre» al paso de «La Santa Faz».

Santísimo Cristo de los Ajusticiados en la Plaza de la Catedral.

Las Calles Vallespín y Jimena Blázquez guiaban a los Pasos hacia la Plaza de la Santa, a la que accedían por Intendente Aizpuru. El lento caminar de los nazarenos por la Calle Madre Soledad llenaba de elegancia a la Procesión. Los Pasos desfilaban junto al Palacio de Pedro Dávila. El ritmo pausado de las marchas «Salve» y «Hermanos Costaleros», conducían al Santísimo Cristo de los Ajusticiados por la Plaza del Teniente Arévalo, camino del primer templo de nuevo.

Al transitar por la calle Alemania, ya de recogida, la Banda de Música de Ávila entonaba «Nuestro Padre Jesús del Calvario», marcha elegida para cerrar el desfile procesional.

Los nazarenos, formados a ambos lados de la plaza, conformaban un reguero de hachones encendidos escoltando al Santísimo Cristo. La densa nube de incienso llenaba de emoción el momento. Un final solemne de la marcha daba paso al redoble previo al Himno Nacional, con el que entraba el Crucificado al filo de las once de la noche. Los hermanos y la representación de las cofradías penitenciales seguían la senda del Señor, acompañados de la autoridad eclesiástica.

Terminaba así un esperado y sobrio Jueves Santo. De Santa Vera Cruz. De solemnidad centenaria. De esencia franciscana.

Santísimo Cristo de los Ajusticiados a Su paso por la Plaza de la Santa, precedido por una nube de incienso. Todas las imágenes del artículo son de la autoría de Gonzalo González de Vega y Pomar.

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