martes, 28 junio 2022
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El Silencio de un barrio y la sobriedad de las Batallas en el Miércoles Santo abulense

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El sol regresaba a la capital amurallada. La probabilidad de precipitación se disipaba por completo en una jornada que se esperaba radiante. La ciudad, empapada del sentimiento cofrade, estaba repleta de lugareños y foráneos deseosos de vivir su Semana Santa.

Pasaban las ocho de la tarde del Miércoles Santo, y el atrio de San Nicolás de Bari se iba llenando de nazarenos de túnica azul, de cíngulo, capa y guantes blancos, de corazón traspasado bordado en el capucho, también del color de la Pureza. Hermanos de la Cofradía de Nuestra Señora de las Angustias. Otro de los cortejos con más participantes, con la peculiaridad de ser organizado en el exterior del templo. La pequeñez del mismo y de su puerta no permite salir ya formada a la Procesión. A las ocho y media de la tarde discurrían los nazarenos, y sonaba la Marcha Real para la salida del Santo Cristo Arrodillado. Los tiradores del Paso lo conducían al inicio del desfile. Le seguía el Santísimo Cristo de la Agonía, rodeado de un gran laurel y con claveles rojos a Sus pies. Nuestra Señora de las Angustias, Titular de la entidad, obra de la Escuela Abulense y que presidía esta Procesión del Silencio, salía también a las calles.

Salida del Santo Cristo Arrodillado de la iglesia de San Nicolás de Bari camino del casco histórico de la ciudad.
Santísimo Cristo de la Agonía saliendo de San Nicolás de Bari en la Procesión del Silencio.

Presidida por el Presidente de la Cofradía homónima abulense y por el representante de la Cofradía del Santísimo Cristo Despojado y Nuestra Señora de la Amargura, de Valladolid, ambas hermanadas, avanzaba la Madre de las Angustias por Su barrio. La Banda de Cornetas y Tambores de la entidad vallisoletana la acompañaba en Su caminar.

Nuestra Señora de las Angustias, una de las mayores devociones de la ciudad, saliendo a Su barrio para iniciar la Procesión del Silencio.

A las nueve de la noche llegaba la Procesión a la Plaza del Rollo, donde se escucharon las tradicionales saetas. Lentamente comenzaba la comitiva a subir la calle Francisco Gallego a las nueve y media de un ocaso abulense que dejaba paso a la noche cerrada. Y llegó al Paseo del Rastro. Las campanas tocando a silencio en los tramos y los Estandartes de los tres conjuntos daban forma al discurrir del desfile. Todo el barrio junto a Su Madre, como lleva haciendo desde el siglo XVIII, y desde 1950 en Semana Santa. Y con Ella las mantillas, tradición castellana. Tras encarar la Calle San Segundo, Nuestra Señora de las Angustias entraba en la Catedral al filo de las diez y media de esta noche de Miércoles Santo.

La Plaza de Santa Teresa rebosaba de multitudes, esperando a que se hiciera el silencio. A las once de la noche se abrían las puertas de San Pedro Apóstol, y la Hermandad del Santísimo Cristo de las Batallas, de marcado carácter castrense, hacía su salida a la plaza. Los hermanos, de túnica negra con cíngulo de esparto, capucho negro (con un capirote especialmente bajo) con Cruz de Santiago bordada y cordón rojo al cuello, iban recorriendo la plaza alzando sus hachones. La Cruz de Guía, roja, de Santiago, las cruces de carga y los pies descalzos protagonizaban el austero desfile. Las esquilas y los tambores nos recordaban qué Procesión estábamos admirando. Es Batallas. El alma de la sobriedad en Ávila. Incomparable y única.

Santísimo Cristo de las Batallas (imagen moderna) aguardando el inicio de la Procesión en la iglesia de San Pedro Apóstol.

A las once y cuarto hacía Su salida la talla moderna del Santísimo Cristo de las Batallas, devoción que vino a suplir a la antigua para procesionar, aunque actualmente lo hacen ambas. Una talla de gran expresividad y envergadura. Más de dos metros de Cristo, cargando la Cruz más grande de toda la Semana Santa de Ávila.

Imagen moderna del Santísimo Cristo de las Batallas en el Paseo del Rastro.

El Paseo del Rastro es marco incomparable para celebrar esta Procesión. El Cristo reduce Su altura para pasar el Arco, y accede a la calle Caballeros, para alcanzar el Mercado Chico. Desde allí, una novedad de este año, el cortejo recorrió la calle Tomás Luis de Victoria para, por Vara del Rey y Enrique Larreta, cruzar la calle Comuneros de Castilla. De esta forma, D. Julián Jesús Sánchez Hernández, Hermano Mayor Honorífico de la Hermandad, pudo contemplar desde su balcón el Paso de la Procesión que durante tantos años presidió. Un emotivo recuerdo que la entidad quiso tener con él. Siendo además un año especial, pues es el LXX Aniversario Fundacional de la Hermandad y S.M. El Rey ha aceptado ser Hermano Mayor de Honor de la misma.

Talla moderna del Santísimo Cristo de las Batallas a Su paso por la Plaza de la Catedral, escoltado por sus nazarenos de negro y cordón rojo al cuello.

Proseguía el cortejo por la Plaza de la Catedral y la calle San Segundo, para recogerse, a toque de cornetín y con los hermanos formados a ambos lados de la Plaza, con sus hachones encendidos, sobre las doce y media, ya de la noche del Jueves, en San Pedro Apóstol. Silencio absoluto y oración recogida al Señor de las Batallas. Feliz la culpa que mereció tal Redentor.

Nazarenos de la Hermandad del Santísimo Cristo de las Batallas formando a los lados de la Plaza, con sus hachones encendidos, aguardando la llegada del Santísimo Cristo.

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