martes, 24 mayo 2022
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El Resucitado cerró la Semana Santa abulense con alegría festiva

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Tras una Semana Santa de reencuentros y emociones, Ávila despedía su tradición más señera con la alegría festiva propia del Domingo de Resurrección.

Al filo de las diez de la mañana daba comienzo el Traslado del Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora del Buen Suceso, desde la ermita del Pradillo. sede canónica de la Cofradía homónima, hasta la Parroquia de la Sagrada Familia, donde tendría lugar la Solemne Eucaristía. Tras recorrer Su barrio, ambas tallas se encontraron en la Calle David Herrero, y le fue retirado el velo de luto a Nuestra Señora. El disparo de cohetes y el repique de campanas nos anunciaba el Misterio de nuestra Fe un año más.

Encuentro entre el Santísimo Cristo Resucitado y Nuestra Señora del Buen Suceso frente a la parroquia de la Sagrada Familia. Retirada del velo de luto a la Santísima Virgen.

Tras la Eucaristía Solemne, daba comienzo la Procesión del Resucitado, pasadas las doce de la mañana. Siguiendo a la Cruz parroquial, desfilaban los hermanos de la Cofradía, algunos de ellos portando su indumentaria, con túnica de raso blanco, capa roja, y cíngulo blanco y rojo, sin capucho; y otros de paisano o con traje y medalla corporativa.

La que se considera la primera Procesión de Gloria en Ávila era, como es habitual, iniciada con el grupo de dulzaina y tamboril, y tras él, los Estandartes de las Cofradías de Gloria de la ciudad, situados, como cada representación, por orden de antigüedad. Iniciaba el cortejo el de la Cofradía de San Pedro Apóstol y lo cerraba el del Ilustre Patronato de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de las Vacas Coronada, por ser el más histórico.

Santísimo Cristo Resucitado, junto a Sus cofrades y Estandarte, en la Plaza de Santa Teresa.

El Estandarte del Santísimo Cristo Resucitado nos indicaba Su cercanía. Esta talla, que vino a sustituir al tradicional «Torero», imagen Titular original, para procesionar, estrenaba, al igual que Nuestra Señora, nuevas andas. En el caso del Cristo, portadas por seis anderos, plateadas y repujadas. En el caso de Nuestra Señora del Buen Suceso, que seguía al Señor, de madera con el escudo de la Cofradía labrado, portadas por cuatro anderos. Este año el manto de la Virgen era el de terciopelo rojo con motivos dorados. Los exornos, como es habitual, fueron en tonos púrpura y rojo para el Santísimo Cristo y en tonos blancos y rojos para Nuestra Señora. Tras Ellos, la representación de las cofradías y la Junta de Semana Santa, y la autoridad eclesiástica.

Santísimo Cristo Resucitado, con nuevas andas plateadas, en la Plaza de Santa Teresa.
Nuestra Señora del Buen Suceso, luciendo Su manto de terciopelo rojo, en la Plaza de Santa Teresa.

Proseguía el cortejo por el Paseo del Ferrocarril, deteniéndose en la Glorieta de Nuestro Padre Jesús de Medinaceli y en la Clínica Santa Teresa de Jesús.

Por el Paseo de la Estación y la Avenida de Portugal llegaba la alegre comitiva con sonido de cohetes a la Calle Duque de Alba, para acceder a la Plaza de Santa Teresa. En la Calle San Segundo, Nuestra Señora del Buen Suceso recibió una sencilla petalada con los pétalos que no se emplearon el Lunes Santo en la Procesión de la Esperanza, pues tuvo que recogerse apresuradamente a causa de la lluvia.

Santísimo Cristo Resucitado frente al Arco del Alcázar de la Muralla. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

El júbilo gozoso de la Pascua condujo a la Procesión hasta la ermita del Humilladero, a la que llegaba al filo de la una y media de la tarde. En ella, las imágenes se postraron ante el Santísimo Cristo de los Ajusticiados, y el Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz recibió a la Cofradía como cada año. Se cantó el Aleluya y el Regina Coeli y se continuó con el desfile.

Petalada a Nuestra Señora del Buen Suceso en la Calle San Segundo.
Nuestra Señora del Buen Suceso, que estrenaba nuevas andas, en la Calle San Segundo. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

En la Calle Valladolid, ya de regreso al barrio, un pasodoble hacía a los anderos bailar alegremente a sus imágenes Titulares, para llegar a las dos de la tarde de nuevo a la ermita del Pradillo. La entrada del Santísimo Cristo Resucitado, que accede al templo en último lugar, a los sones del Himno Nacional entonado por las dulzainas, es la estampa que cada año pone punto y final a la Semana Santa abulense.

Santísimo Cristo Resucitado en la Plaza de San Vicente, a punto de acceder a la ermita del Humilladero.

Tras dos años sin vivirla, Ávila ha podido rememorar de nuevo la Pasión, Muerte y Resurrección del Redentor. Ahora recibe con gozo a las Glorias, que se inician con el Resucitado. Un día muy tradicional, con las almendras garrapiñadas, las obleas, la romería y la subasta de banzos, que recuerda a los abulenses el final del letargo invernal y el comienzo de los meses de primavera y estío, en los que los barrios tienen mucho que conmemorar.

Nuestra Señora del Buen Suceso saliendo de la ermita del Humilladero, tras realizar el tradicional saludo al Santísimo Cristo de los Ajusticiados.

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