martes, 28 junio 2022
Booking.com

Ávila rebosó de júbilo en la vuelta a las calles de Nuestra Señora de las Vacas

Booking.com
3,183FansMe gusta
5,578SeguidoresSeguir
2,965SeguidoresSeguir
489SuscriptoresSuscribirte

Un emotivo Domingo en el que Nuestra Señora de las Vacas recorrió, durante cerca de nueve horas, las calles de la capital amurallada

Tras una Ofrenda Floral en la tarde del viernes anterior a la Festividad, en la que participaron autoridades y Cofradías, y al término de una sentida Novena en la que cada día lució la talla un ajuar distinto, llegó el esperado segundo Domingo de mayo. Ávila entera anhelaba el momento. A las siete de la mañana, el repique de campanas de la ermita de Nuestra Señora de las Vacas y el disparo de cohetes despertaba a toda la ciudad. La Banda de Música de Navalperal de Pinares acudía en busca del Presidente del Patronato, recorriendo parte de la capital amurallada. A su llegada a la Plazuela de las Vacas, la tradicional diana floreada de morteros reales hacía saltar al barrio entero de alegría festiva.

Nuestra Señora de las Vacas durante la Novena previa a Su Función Principal. portando algunos de los mantos de Su ajuar.

A las 8 de la mañana daba comienzo la Solemne Eucaristía de la Función Principal de esta advocación, presidida por el Presidente Nato del Patronato, el M. Iltre. Sr. D. Óscar Robledo Merino. Recordaba en su homilía la importancia del recorrido procesional de Nuestra Señora y el valor de María en nuestra vida, compañía y cercanía maternal. Tras la Consagración, la Banda entonaba el Himno de España en la Plaza, como es habitual. A las nueve menos cuarto, una vez acabada la Celebración, comenzaba a organizarse la Procesión.

El pendón corporativo del Ilustre Patronato de la Santísima Trinidad y Nuestra Señora de las Vacas Coronada junto al grupo de dulzaina y tamboril daban inicio al cortejo, seguidos de los Estandartes de las Cofradías de Gloria y la de San Segundo, patrón de la ciudad, un total de nueve. A las nueve de la mañana, partía el Estandarte de Coronación de la Santísima Virgen del soportal de la centenaria ermita.

Nuestra Señora de las Vacas cruzando el Arco Floral instalado en Su honor tras la salida desde Su ermita.

Nuestra Señora de las Vacas Coronada hacía Su salida a hombros de Sus mozos a pasados cinco minutos de las nueve de la mañana de un Domingo que se sabía sería radiante. Estreno de esta edición fue el manto, restaurado este año, azul de terciopelo con bordado en hilo de oro, portando saya de raso blanco con el bordado a juego con el del manto, así como su tradicional ajuar de broches, anillos, medallas, cetro, y el Santo Niño. Un delicado exorno floral en el que destacaba la rosa blanca rodeaba a la Sagrada Imagen. Sonaba el Himno Nacional y la traca de cohetes anunciaba el inicio del desfile. Nuestra Señora cruzaba el Arco Floral que Sus mozos habían preparado con tanta devoción.

Discurriendo por la Calle San Cristóbal y la Calle Jesús del Gran Poder, deteniéndose en cada balcón iba Nuestra Señora, recibiendo algunas petaladas de Sus fieles. Pétalos que, por el leve viento, marchaban al Cielo.

Y se adentraba la Procesión en el patio y soportal del Hospital Provincial. Emotivo momento de recuerdo a los fallecidos por la pandemia, y por tantos patronos que ya no acompañaban en esta fiesta a su Virgen. Se hacía entrega al Equipo Directivo del Complejo Sanitario un cuadro de Nuestra Señora, con el lema «Salud de los Enfermos».

Nuestra Señora de las Vacas junto al Hospital Provincial.

Proseguía Nuestra Señora de las Vacas hasta el Real Monasterio de Santo Tomás, donde, recibida por Nuestra Señora del Santísimo Rosario y los Padres Dominicos, hizo Su segunda parada, con canto y rezo de la Salve.

Nuestra Señora de las Vacas tras visitar el Real Monasterio de Santo Tomás.

Era el momento de encarar la subida por el Paseo de Santo Tomás, pasadas las diez de la mañana. El disparo continuo de cohetes iba proclamando la alegría que caracterizaba a la Procesión. Nuestra Señora, a paso solemne, caminaba por la Calle San Juan de la Cruz para desembocar en el Convento de las Madres Carmelitas de San José, primera fundación teresiana. Frente al Coro de las Hermanas, Nuestra Señora recibía el canto de la Comunidad. Era el conocido «Invoca a María», que se convirtió en uno de los momentos más emotivos de la mañana.

Nuestra Señora de las Vacas, con un delicado exorno con predominio de rosas blancas, saliendo del Convento de San José (Las Madres).

A las diez y cuarto, Nuestra Señora de las Vacas partía de San José para discurrir por Duque de Alba y desembocar en la Plaza de Santa Teresa, para, por la Calle San Segundo y la Plaza de San Vicente, llegar a las 11 de la mañana a la ermita del Humiladero, del Real e Ilustre Patronato de la Santa Vera Cruz. Embriagada la Capilla de incienso, a toque de campana, Nuestra Señora accedió por el arco de flores frescas y con los pendones con el lema «Regina Angelorum» instalado en la puerta, para presentarse ante el Santísimo Cristo de los Ajusticiados. El Coro de la parroquia de San Vicente entonó el «Ave Maria» de Balduzzi. Otro de los puntos álgidos de la Procesión. El «Tesoro» de la Virgen, una medalla con broche de oro que porta en Su hombro derecho, fue donado por la Santa Vera Cruz. Sentido y fraterno encuentro un año más.

Nuestra Señora de las Vacas a Su salida de la ermita del Humilladero, bajo las flores frescas y los pendones con el lema «Regina Angelorum».

Tras la parada, era el momento de adentrarse en el barrio de la Encarnación, por la Plaza de San Andrés, con una traca y petalada, y por la Calle Ajates, donde los Mozos de la Ascensión relevaron a los vaqueros y el Ilustre Patronato de Nuestra Señora de la Misericordia recibió a Nuestra Señora de las Vacas, aportando sus tradicionales docenas de cohetes y el cántaro de vino. Por el Paseo de la Encarnación, Nuestra Señora llegó al Monasterio Carmelita a las doce menos veinte de la mañana.

El mortero real y el Himno Nacional despedían esta primera parte del discurrir de la mañana, quedando Nuestra Señora frente al Coro Bajo de las carmelitas. A los pies de la Virgen de la Clemencia.

Nuestra Señora de las Vacas llegando al Monasterio de La Encarnación.
Nuestra Señora de las Vacas Coronada, con Su restaurado manto azul de terciopelo bordado, a los pies de la Virgen de la Clemencia en el Monasterio de La Encarnación.

Los patronos, fieles y cofrades degustaron el tradicional almuerzo, protagonizado por el tradicional hornazo, para reponer fuerzas antes de continuar. Pasodobles de dulzaina y de la Banda y algún que otro baile no faltaban en el Patio de la Encarnación.

A las doce y cuarto de la mañana retomaba el paso Nuestra Señora, para encaminarse a la iglesia de San Martín, a visitar a Nuestra Señora de la Misericordia, y a la de Santa María de la Cabeza.

Ascendía la Virgen de las Vacas a la Avenida de Madrid. El Presidente de los Mozos, Sergio López Serrano, volvía a dirigir las andas de la Señora, bajo las que se disponían cuatro mozos afortunados: Álvaro Martín, Alberto Jiménez, Ángel Martín y Álvaro Gutiérrez. Serían los encargados de portar a la Madre en Su trayecto más sentido y emotivo: el Baile a sones del pasodoble «El Gato Montés».

Procesión de Nuestra Señora de las Vacas llegando a la Avenida de Madrid para el Baile de «El Gato Montés».

Fue sonar los primeros acordes, pasada la una y cuarto del mediodía, y la abrumadora multitud allí presente tornó en júbilo para acompañar a los mozos. Aplausos, vítores, cantos y devoción en una tradición casi centenaria que ya es patrimonio de toda la ciudad.

Durante quince minutos, Nuestra Señora de las Vacas pudo bailar junto a Sus devotos. Con más intensidad si cabe después de dos años, con los sentimientos a flor de piel. Alegría desbordante en la plenitud primaveral de todo un barrio que no entiende su día a día sin este momento.

Nuestra Señora de las Vacas, bailada por cuatro afortunados mozos, por la Avenida de Madrid a los sones de «El Gato Montés».

Al llegar a la Glorieta que lleva Su nombre, junto al río Adaja, Nuestra Señora de las Vacas Coronada culminó su particular forma de bendecir a los abulenses. Lágrimas de emoción y devoción. Sobraron las palabras. Todo un homenaje a quienes lo estaban contemplando desde el Cielo.

Encarando la Calle Vallespín, y haciendo parada en la ermita de San Esteban, frente al Palacio de Polentinos y en el Convento de Mosén Rubí, Nuestra Señora llegó a la Plaza del Mercado Chico bajo un sol de justicia, a las dos y cuarto de la tarde.

Nuestra Señora de las Vacas en la Plaza del Mercado Chico, durante el canto y baile de la popular Salve Rociera. Imágenes de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Allí aguardaba Ávila entera, que estaba viviendo su I Feria de Abril, para entonarle a la Señora la Salve Rociera, junto al baile del grupo «Emma Lucena». Se mecía la Madre a sones del conocido cántico devocional, que culminaba en aplausos y de nuevo la emoción de los presentes. Tras una petalada en la Plaza, y a sones de «Suspiros de España», entraba la Virgen en San Juan para encontrarse con Nuestra Señora de la Esperanza, el Encuentro que no pudo ser el Lunes Santo. Los mozos le entregaron a la Hermandad la rosa roja con una estampa del Santísimo Cristo de la Ilusión, rubricando así lo que hubiera sido ese momento.

Nuestra Señora de las Vacas al término de Su recorrido procesional, en la Plazuela que lleva Su nombre. Imagen de Gonzalo González de Vega y Pomar.

Ya en la tarde, Nuestra Señora de las Vacas acudió al amparo de la Patrona en Su Casa Natal, partiendo de San Juan quince minutos después de las cinco en punto de la tarde. Ya en la Plaza de Santa Teresa, la parroquial de San Pedro y el Convento de la Magdalena recibían sendas visitas de la Virgen, que, parando en el Monasterio de Gracia, descendió hasta Su barrio de nuevo, en el que entró a ritmo de pasodobles. No accedió a Su ermita hasta cerca de las ocho y media de una tarde en la que nadie quería despedirse de Ella.

Un año más, y tras dos sin realizarse, una Festividad plena, emotiva, de las más radiantes entre las que se recuerdan, pudo llevarse a cabo, y Ávila se llenó de dulzura y alegría. Como dice Su devoto Himno, «Virgen de las Vacas, gracias por Tu amor». Amor vaquero, abulense y fervoroso. Amor paciente que ya espera con anhelo las fiestas de la Trinidad.

¿Te ha gustado este artículo? ¡Compartelo!

Más noticias de Diario de Pasión

spot_imgspot_img
spot_imgspot_img
Booking.com
3,183FansMe gusta
5,578SeguidoresSeguir
2,965SeguidoresSeguir
489SuscriptoresSuscribirte