miércoles, 10 agosto 2022
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Un beso con olor a Canela y Clavo

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En las profundidades de la feligresía de la Parroquia de San Román, un aire de solemnidad invade el ambiente. No es un día cualquiera para la Hermandad de los Gitanos, el Domingo más cercano a la festividad de la Candelaria, supone que la Madre de Dios en su bendita advocación de las Angustias, baja de su altar para recibir la veneración de los fieles de una forma más cercana.

La jornada dominical empezaría pronto con la apertura de las puertas del Antiguo Convento del Valle. Ahí esperaba la Virgen de las Angustias, a los pies del monumental altar de triduo levantado por la priostía de la hermandad, ataviada con el manto que fue regalado por la Duquesa de Alba y con un tocado de encaje suelto que realzaba más aún el moreno de la imagen mariana.

A las 11 de la mañana comenzó la función solemne, para posteriormente, dar comienzo al besamanos por el que transcurrieron centenares de personas para posar sus labios en la madera desgastada por tanta devoción a la Virgen. No eran pocos tampoco los que no salían del templo antes de dirigirse a la Capilla Sacramental y ver a Nuestro Padre Jesús de la Salud, situado en el altar dorado que la Corporación de la Madrugá supo mantener tras el traslado desde la Iglesia de San Román hasta su Santuario.

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