miércoles, 10 agosto 2022
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Sevilla. Ángel Díaz. Saetas para el Señor del Prendimiento

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… en el Vía Crucis que organiza el Consejo de Hermandades y Cofradías.

Un día. Sólo un día y la Hermandad de los Panaderos verá cumplido su sueño. Uno más. Uno especial. Uno de los que, paradójicamente, no deja dormir.

El azahar ha despertado de su letargo justo a tiempo. No podía ser de otro modo. No aparece la flor del naranjo en los relatos evangélicos, pero seguro que entre los olivos de Getsemaní había una fuente de azahar, blanco sobre noche oscura en las que se limpiaba la sangre de Jesús, hematohidrosis que volvería a brotar más veces en el intervalo que separa un Prendimiento y una cruz.

Sevilla se prepara, como lo hace la voz de Ángel Díaz. Calma pausada para la primera y nervios lacerantes para el segundo, que aspira los aromas del aceite que se destila en Orfila desde su domicilio en Lasso de la Vega. Siempre cerca, vecinos, y en cambio tan lejos…

Ángel rezará, como solo él sabe hacerlo: cantando. Está decidido a tener una conversación sincera con su Padre, Nuestro Padre, y tos podremos transcribir su amor por el Creador en notas vocales en forma de saeta. Cinco versos, suficientes para recibir el perdón. Y ese perdón nos será concedido a todos.

Autor: Anferdi Fotografía (cedida por Ángel Díaz)

Lunes de Vía Crucis. Cuaresma. Y la escena con la que comienza la Pasión. Aún no ha sido apresado Jesús y ya demuestra su Poder Soberano abriendo los brazos en señal de entrega. él sabe que la sangre seré pronto derramada. Los guardias del templo abrirán la veda. Ángel nos lo recordará cuando las andas del Señor sean depositadas sobre el asfalto de la Plaza de la Virgen de los Reyes. Será entonces cuando los cinco dardos de que componen La Sangre de Cristo se alzarán sobre los susurros y se convertirán en rezo colectivo. Frente a frente, con humildad y amor.

Pero aún habrá ocasión para que ángel se reconcilie con el que otorga la gracia de vivir en armonía. No es su Padre, sino el de todos. Por eso, justo antes de que todo haya acabado, en Orfila, mientras se produce el último relevo que conduzca a la primera imagen de Don Antonio Castillo Lastrucci hacia el corazón de la recoleta capilla, resonará un Padrenuestro en la noche. Todos callaremos y cerraremos los ojos en señal de respeto. Sin duda, uno de los momentos más emotivos de una jornada a punto de acabar.

Allí, en las alturas, aferrado al hierro veterano de una forja invisible, el saetero se situará tras el faldón rojo carmesí que arropa su atril y declamará la palabra, la oración que todos conocemos.

Y Ángel regresará a su casa, por el camino más corto, agradecido, sabiendo que el próximo encuentro volverá a ocurrir cualquiera de los días en que entre a visitar a quien, ya lo tenía claro, es su más amado vecino…

Autoría de imágenes: Anferdi Fotografía, cedidas por Ángel Díaz.

Francisco Javier Torres Gómez

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