miércoles, 27 octubre 2021
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Presentada la restauración de las caídas del palio de Nuestra Madre y Señora de la Merced

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La Archicofradía  ha presentado la restauración de las caídas delantera y trasera del paso de palio de Nuestra Madre y Señora de la Merced, obra singular del bordado regionalista sevillano estrenado en 1929 con bordados del taller de Carmen Capmany en terciopelo azul, a base de cardina gótica de gran volumen que siguen el diseño de N.H.D. Antonio Amián.

Esta restauración se encuadra dentro del proceso de recuperación patrimonial emprendido por la Junta de Gobierno de la Archicofradía, en el cual ya se ha intervenido el techo del paso de palio presentado en la Cuaresma de 2019 y que contempla una restauración integral del mismo, casi un siglo después de su estreno y sin que, en ese tiempo, se haya realizado ninguna intervención de envergadura en el mismo para preservarlo del paso del tiempo.

En el acto de presentación, celebrado esta tarde en nuestras dependencias de la Archicofradía, han estado presentes, además del Hermano Mayor, José Luis Cabello, el bordador responsable de la restauración y pasado del bordado, Jesús Rosado; el encargado de la ejecución de los nuevos flecos de las caídas, Sergio Guzmán; y Concha Rodríguez, cuya cordonería ha realizado los nuevos cordones del palio.

En concreto, según ha informado Rosado, en las caídas delanteras y traseras del palio se han seguido las mismas pautas de restauración que la utilizada en su techo de palio. “Hemos trabajado sobre una plantilla fotográfica tras un estudio  digitalizado de las mismas”, según ha explicado, para conseguir “que la colocación de los bordados sea completamente exacta”.

El bordador ha señalado que “las piezas han sido desmontadas siguiendo un mapa previo, donde se marcaba con jaboncillo por dónde ir efectuando el despiece ya que el diseño es muy continuo y el bordado en su mayoría estaba realizado sobre el propio terciopelo, y las piezas unidad entre sí sin espacio para realizar el corte”.

Esta singularidad del bordado ha provocado que el montaje “haya sido muy complejo pues necesitábamos conservar los perfiles originales de torzales y lentejuelas”. Tras el desmontaje las piezas fueron limpiadas bajo proceso manual y gracias a la calidad de la hilatura metálica se ha conseguido “un resultado muy satisfactorio porque nos ha permitido devolver una tonalidad cromática muy cercana a su origen, a pesar del paso del tiempo”, ha señalado Rosado. “No siempre se consigue este nivel de limpieza ya que no todos los bordados tienen esta calidad de hilatura  y del baño de oro de las mismas”, ha abundado.

Posteriormente se procedió al pasado de los bordados a su nuevo soporte, un terciopelo de fabricación alemana que ha sido donado por nuestro Hermano Benemérito D. Mauricio Abad, de Almacenes Velasco, sobre los que se ha llevado a cabo la fijación de los bordados de una manera minuciosa y extremadamente pulcra para conservar los finos perfiles y la finísimas terminaciones en puntas, tan característica de las cardinas y del diseño del Amián.

Este trabajo realizado por el taller de Jesús Rosado tiene un resultado totalmente conservacionista a salvedad del tejido original que ha sido insalvable, por falta del vello en su composición de terciopelo por decoloración, por gran profusión de hongos en el mismo y desgarros.

Por su parte, el taller de Sergio Guzmán ha sido el encargado de realizar el nuevo fleco de “bellotas” que lucen las caídas, de reproducción idéntica al original de 1929. El fleco está compuesto por chorros o colgantes cada uno de los cuales está formado por ocho bolas y una lágrima en madera de haya y de tamaño mínimo.

Según ha explicado Guzmán, “todas estas piezas han sido forradas con hilos de oro entrefino mediante la tradicional técnica del ‘raseado’, mientras que la lágrima, a su vez, está adornada de forma artesanal con una pequeña malla de hilo de torzal de oro que la dota de esa forma tan característica de ‘bellota’”.

Como pequeño resumen técnico de la magnitud de estos nuevos flecos, hemos de resaltar que se han realizado un total de 12.816 bolas y 1.602 lágrimas “bellotas” elaboradas en un período aproximado de 30 meses. Los materiales empleados en la elaboración han sido piezas de madera de haya torneadas, hilos de oro entrefino, eanutillo rizado de calibre fino en oro entrefino que han sido de fabricación exclusiva para este fleco y lentejuelas de oro entrefino.

Sergio Guzmán también ha sido el encargado de realizar los “chorros” para todas las borlas de la cordonería del palio, cuya ejecución ha correspondido a Cordonería Rodríguez. Se trata de cordones de torcido tipo calabrote de 7 milímetros de grosor, rematados en ambas puntas por dos borlas de madera raseadas con hilo de camaraña y adornadas con mingos, piedras y piezas bordadas con lentejuelas y canutillo inglés.

Según Concha Rodríguez, responsable de la cordonería, “el fleco de las borlas va a juego con el de las caídas del paso de palio y todo el conjunto está realizado en calidad oro entrefino realizado de manera manual”.

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