lunes, 8 agosto 2022
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El esbozo de Dios

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La quinta palabra que pronunció Cristo antes de morir en la Cruz, «Tengo sed» (Juan, 19: 28). Esa es la base sobre la que, hace cincuenta años, un joven que no alcanzaba la veintena esbozó su obra prima, para una recién nacida cofradía de vísperas en Nervión. Como el pelícano que se lastima a sí mismo para alimentar a sus crías, el Santísimo Cristo de la Sed se entrega con los brazos abiertos y la cabeza avanzada al tronco; de este modo, el mensaje de petición se convierte también en ofrecimiento: tengo sed, pero bebed de mí.

Olor a madera en el taller de Álvarez Duarte. Jirones de madera caen a golpe de martillo sobre gubia, descubriendo la carne del Dios de los hombres, que cinco décadas más tarde tendería su mano para llevarlo por siempre al cielo prometido. Desde allí, sus ojos claros atravesaban este sábado los de su Cristo, también verdes, para ver a través de ellos y contemplar en las alturas el milagro de la fe. A los pies del Crucificado se derramaban, en un monte de rosas rojas, las gubias con las que el imaginero afincado en Gines lo había esculpido hace cinco décadas. Aquel siervo de Dios sigue vivo en su mirada, unido por cuatro clavos eternamente a Sevilla.

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