Accidentada cuaresma en Sevilla mientras se acerca con sigilo la Semana Santa.

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… Y además las pintadas…

Desconozco qué tendrá la fachada de la sevillana iglesia de San Martín, pero lo cierto es que las pintadas con intención de molestar en ella exhibidas se han convertido en un «clásico» de la Cuaresma sevillana.

Quizás sea el tono albero de sus muros, el maravilloso enclave en el que se encuentra, o que los retablos en ella establecidos no son del gusto de los radicales, que ya se sabe que con ciertos energúmenos nunca se acierta.

Sin entrar en el contenido del mensaje, que queda bien explicado en la imagen, es de mala educación pintar en las paredes. Eso nos lo enseñaron nuestros padres; al menos los de aquellos que prestamos atención a los valores que nos inculcaban, siendo el primero de ellos el de respetar al prójimo, independientemente de su pensamiento y forma de actuar. Creo recordar que aquella misma charla incluía como propina el aprender las reglas básicas de la convivencia y la censura del vandalismo, entendiendo como tal cualquier acto que altere el bien general en beneficio de una minoría.

Claro está, los tiempos han cambiado y… parece que la mala educación y el fanatismo no lo han hecho. En cualquier caso, quisiera hacer una serie de consideraciones al respecto a los hechos a los que hago referencia. Supongo que habrá sectores que no estén de acuerdo conmigo, comenzando por aquellos que siguen refrendando su invisibilidad como individuos llamando la atención sobre hechos que más que encumbrarlos, los hacen aún más pobres.

Practicar frases sobre fachadas de iglesias (o de cualquier otro inmueble) es un acto de suma responsabilidad. Debe de hacerse con buena letra, pulso firme y mejor estilo gramatical. Se ve que los que ensayaron en San Martín no lo habían hecho antes en un cuaderno de caligrafía Rubio (tan solo un par de euros el ejemplar).

En segundo lugar, hay que tener en cuenta que, al no tratarse de un simple folio, las consecuencias de la limpieza del enunciado conllevará un dinero que pagamos todos, y podemos meter en el saco a los autores y a sus familiares (puede que alguno de ellos se encuentre en paro e incluso reciba la ayuda caritativa que la bolsa de la hermandad en cuestión verá mermada por el gasto imprevisto y evitable). Pintar una fachada de nuevo equivale a comprar unos mil bocadillos o a dar de comer a unas quinientas personas.

No obstante, rechazaremos la hipótesis de que dichos radicales (que por el mensaje parecen ser mujeres) tengan la más mínima capacidad de empatía con el prójimo. Es entonces cuando hay que explicarles que el mensaje es incorrecto pues nadie, y digo categóricamente NADIE jamás pudo saber si la Virgen (parece que es a Ella a la que se refiere la frase) se planteó abortar. Lo que sí sabemos es que el no hacerlo le valió mucho la pena porque gracias a ello ganó el título de Reina y Madre de Todos los Hombres.

Y no, la Virgen no llora porque la hayan dejado o se haya quedado embarazada. Sus lágrimas se deben al dolor por ver a Su Hijo sufrir. Suponemos que los padres de los improvisados artistas derramarán similares lágrimas cuando sus hijas les confiesen su autoría, orgullosas de… nada…

Pero las lágrimas se tornarán en signo de alegría con la Resurrección.

Queridas literatas de pacotilla, no os sintáis mal, que María os perdona. Podéis volver el año que viene a negarles de nuevo el pan a aquellos que lo necesitan. Total, qué más da… Eso sí, volved con la lección aprendida y escribid con buena letra, que ya solo os falta que os pillen con faltas de ortografía.

Mi nombre es Javier Torres. ¿Cuál es el vuestro? Encantado de no haberos conocido.