lunes, 8 agosto 2022
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La historia de un gran santo, desconocido por muchos y amado por tantos….

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El Loco de Amor                                      

Se llamaba Juan Ciudad Duarte y nació en Montemor-o-Novo (Portugal), el 8 de marzo de 1495. Salió de su casa con 8 años, acompañando a un clérigo que se había hospedado en ella y llega a España afincándose de primeras en Oropesa, provincia de Toledo, cuidando el ganado de D. Francisco Mayoral hasta 1532. Por dos veces salió de allí para enrolarse en la vida militar. La primera vez se va a Fuenterrabía y la segunda se marcha a Viena donde se alistará en la guerra contra los turcos.

Al desembarcar en España por la costa gallega se entera que sus padres han muerto, tan sólo quedaba su tío. Perdidas sus raíces principales, Juan Ciudad continuó su peregrinar sin rumbo… Pasa por Sevilla y allí decide pasar al Norte de África por el Estrecho de Gibraltar. En este trayecto conoce a unos portugueses exiliados y se pone a su servicio. Aquí comienzan los gestos de generosidad y solidaridad para con el prójimo, que se sucederán posteriormente hasta su absoluta entrega a los pobres y enfermos. Trabajó como peón albañil y con su sueldo socorrió las necesidades de dichos exiliados portugueses. No siendo capaz de encontrarse a sí mismo, ni sabiendo lo que quería hacer con su vida, vuelve a la Península y se instala en Granada en el año 1538. Camino ha dicha ciudad, Juan tiene una revelación: se le aparece un niño en mitad de un trigal enseñándole el fruto de un granado y a lo que le refiere dicho niño la frase que le marcará su devenir, “Granada será tu cruz”.  Ejerce en Granada el oficio de librero, alquilando una pequeña tiendecilla cerca del arco de Elvira, donde hoy día se encuentra una capillita en su nombre. En aquella época, los libros de caballería y los de corte religioso son los que mayor demanda tienen. Él vende unos y otros, aunque afana en la venta de los últimos, mucho más provechosos que los de caballerías. Como anécdota curiosa, podemos reseñar, que hacía sus propias ofertas en las que siempre incluía como regalo un libro religioso.

El 20 de Enero de 1539, fiesta de San Sebastián, al enterarse de que andaba en la ciudad el Maestro Ávila, sube a la Ermita de los Mártires para escuchar el sermón del ahora conocido como San Juan de Ávila. Al escuchar dicho sermón, tiene tan extraordinaria conmoción espiritual que da voces y gritos, lo que le llevó a ser juzgado por loco y encerrado en el Hospital Real granadino. Juan sufre en propia carne el trato que se da a los internados y la experiencia allí vivida a buen seguro que influye en su decisión posterior de crear un hospital propio para atender a los enfermos con un trato peculiar, muy distinto al que él mismo ha recibido.

Una vez fuera del Hospital Real, Juan de Dios se pone bajo la dirección espiritual de Juan de Ávila, retomando su proceso de discernimiento, ahora perfectamente acompañado. Medita y ora. La pobreza y el sufrimiento de las sencillas gentes del pueblo son un reclamo constante. Qué hacer ante ello, se preguntaba una y otra vez en su interior.

Pero su reflexión no la realiza aislada del compromiso. Se dedica a recoger leña en el campo para venderla en la ciudad. Con el dinero obtenido alimenta a quienes descubre que más lo necesitan…

Al fin consigue alquilar un local en la granadina calle de Lucena donde ubica su primer hospital. Juan de Dios funda un hospital revolucionario para su época, no sólo por el trato y calor humano que los enfermos reciben de Juan y sus compañeros, sino también por los criterios que introduce, innovadores en aquella época como es la separación de los enfermos en atención al tipo de enfermedad y a la atención y medidas higiénicas y de cuidados.

Más tarde, buscando un lugar que reuniese mejores condiciones para los enfermos, lo traslada a la Cuesta de los Gomérez.

Una de las historias que a mí más me impactó fue los milagros de San Rafael para con Juan Ciudad y lo cuál quiero resaltar aquí.

San Juan de Dios era muy devoto de san Rafael. Una noche faltó el agua en la fuente para el servicio, fue de madrugada a la plaza de Bib-rambla con dos cántaros y tardó en volver por estar la fuente bastante lejos del hospital. Cuando regresó, halló en la cocina fregados los platos, el pan y todo preparado; las camas hechas, las salas barridas y todo en orden. Preguntó, extrañado, a los enfermos quién había hecho en su ausencia los trabajos y todos le respondieron que había sido él. Él lo negaba, pues había estado recogiendo el agua como para a la vez haber estado haciendo los quehaceres diarios. Entonces Juan Ciudad dijo: En verdad, hermanos, mucho quiere Dios a sus pobres, pues envía ángeles que los sirvan. Y pensó que el arcángel san Rafael, tomando su figura, había realizado los trabajos.

Una noche muy fría y lluviosa, encontró el siervo de Dios, al salir de la calle Zacatín, un pobre que pedía socorro. Juan le dijo: – Venid conmigo, hermano, a nuestro hospital y pasaréis la noche al abrigo. El pobre estaba inválido y sin fuerzas para sostenerse en pie y Juan cargándolo sobre un hombro y sobre el otro la capacha y las ollas con lo recogido, empezó a caminar con prisa, ya que la carga era superior a sus humanas fuerzas, cayéndose con sus limosnas y su pobre a la entrada de la Cuesta de los Gomérez… Al tratar de colocar de nuevo sobre su hombro al pobre, un joven muy hermoso le ayudó y tomándole de la mano, en ademán de acompañarle le dijo que era un enviado de Dios para ayudarle en su obra. Juan le preguntó quién era y respondió: Soy el arcángel Rafael, destinado por Dios para ser tu compañero, guarda tuya y de todos tus hermanos.

Por último, aunque hubo más apariciones del arcángel a Juan, me gustaría resaltar la última, que estando gravemente enfermo en su última enfermedad, recibió una noche la visita del arcángel san Rafael, que lo animó y le reveló el día de su muerte. Estando Juan moribundo, dijo a los que estaban a su lado: “Esta noche pasada el arcángel San Rafael me ha visitado, dándome total seguridad de que el Señor me hará la misericordia de llamarme a su lado. Después que me dieron la comunión, la Santísima Virgen, san Rafael y san Juan Evangelista, me han favorecido con su presencia, prometiéndome que serían los protectores de la Obra que yo he comenzado.”

El 8 de Marzo de 1550, a los 55 años, moría Juan de Dios en Granada, tras una pulmonía a consecuencia de haberse tirado al Genil para salvar a un joven que se cayó en medio de la corriente y estando en trance de ahogarse. Juan de Dios fue trasladado a la casa de los Pisas para finalizar una vida totalmente entregada a los demás.

Declarado Beato el 1 de septiembre de 1630 por Urbano VII y canonizado el 16 de octubre de 1690 por Alejandro VIII. En 1886 es nombrado Patrón de los hospitales y enfermos y en 1930, de los enfermeros y sus asociaciones. También es Patrón del Cuerpo de Bomberos por su actuación durante la extinción de un incendio declarado en el Hospital Real de Granada, del que consiguió sacar ilesos a cuantos enfermos se encontraban en su interior.

Redacción: Jacobo Bolivar

Fotografías: Álvaro Moreno

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