martes, 19 octubre 2021
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45 años de Rosario en Cieza

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En mayo de 1975, un grupo de jóvenes ciezanos veían cumplido el sueño con el que muchos cofrades fantasean pero pocos consiguen llevar a término: fundar una Cofradía. Precisamente en el mes por antonomasia dedicado al culto de nuestra Madre, la Bienaventurada Virgen María. Y es que estos jóvenes dedicaron, y algunos siguen haciéndolo, sus esfuerzos a establecer en Cieza una cofradía dedicada a María Santísima. Tanto fue su amor por Nuestra Señora que se ganaron a pulso el apodo con el que hoy se les conoce en la localidad: Hijos de María.

Sus comienzos, como en todo lo que vale la pena en esta vida, no fueron nada fáciles; crear de cero una nueva hermandad conlleva muchos quehaceres y atender muchos frentes. Por suerte, y gracias a la mediación de uno de sus fundadores, el sacerdote ciezano don Ramón García Gómez, el asunto de conseguir una imagen titular se les hizo bastante llevadero. Como el propio sacerdote recordaba en su homilía el pasado 12 de octubre, consiguieron negociar con las hermanas clarisas asentadas en el Monasterio de la Inmaculada Concepción, sito en pleno centro de la ciudad, la donación de una imagen mariana que ellas custodiaban en su clausura desde hacía décadas. Se trataba de una Virgen del Rosario, encargada por un ciezano afincado en Madrid en la década de los 20 del pasado siglo al imaginero local don Manuel Carrillo García. Esta imagen, a la muerte de su dueño, pasó a propiedad de la congregación franciscana, que la atesoraron hasta ese año de 1975 en que la donarían a la recién fundada hermandad.

Ntra. Sra. de Gracia y Esperanza, anteriormente venerada como Ntra. Sra. del Rosario.

Tras esta donación, puesto que el principal objetivo de esta joven asociación era participar en los desfiles pasionales, el hijo del autor, el célebre escultor local don Manuel Juan Carrillo Marco, intervendría la talla para transformarla en Dolorosa, tomando desde entonces la advocación de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza. Esta imagen procesionó bajo un palio, realizado por los propios hermanos, y con un manto de flores naturales en la tarde del Jueves Santo de 1976. No obstante, lo que se suele olvidar es que esa no fue la primera vez que la Virgen de Gracia y Esperanza pisó las calles de la localidad murciana.

La pequeña localidad de Cieza, apenas lo suficientemente grande como para merecer el título de ciudad, tiene en su historia una amplia tradición cofrade que se puede remontar hasta las prédicas de san Vicente Ferrer en el siglo XV. Entre las muchas tradiciones y costumbres de piedad popular, existió durante bastante tiempo la del Rosario de la Aurora. En el mes de octubre, una primitiva cofradía del Rosario realizaría este piadoso ejercicio por las calles del municipio con las primeras luces del alba. Sin embargo, como tantas otras cosas, en el transcurso del turbulento siglo XIX caería en el olvido. La Real Cofradía de Nuestra Señora de Gracia y Esperanza se funda precisamente, además de para llenar la vacía tarde del Jueves Santo ciezano, para recuperar esta antiquísima tradición.

Rosario de la Aurora de Ntra. Sra. de Gracia y Esperanza

Y así fue, en unas pequeñas andas, con las primeras luces de la mañana del primer domingo de octubre de 1975, los Hijos de María sacaron por primera vez a su titular por las calles y plazas de Cieza para rezar el rosario de la Aurora. Desde aquel primer año, apenas unos meses después de su fundación, hasta la actualidad, todos los domingos del mes de octubre, mes del rosario, cofrades y devotos se reúnen en torno a Nuestra Señora de Gracia y Esperanza para acompañarla en el rezo callejero del Santo Rosario, trasladando a la Virgen de parroquia en parroquia.

Es un acto sencillo y lleno de auténtica devoción y fervor cofrade. No hay bandas, ni corales, ni siquiera un tambor para marcar el paso. No hay túnicas ni incienso ni prácticamente nada. Sólo está la Virgen en unas pequeñas andas y las voces populares que van cantando cada uno de los cincuenta Ave Marías que componen este piadoso rezo. Los Hijos de María evitan hacer un itinerario fijo. Cada año van cambiando las calles de forma que nuestra Madre visite a todos sus hijos a la luz de la Aurora. Los Rosarios empiezan en el castizo rincón que ofrece el Convento de las Clarisas, lugar donde la imagen recibe culto todo el año. Desde allí se traslada a una de las 5 parroquias ciezanas, permaneciendo en ella toda la semana para, a las siete de la mañana del siguiente domingo, viajar hasta otra. Nuestra Señora de Gracia y Esperanza vuelve siempre a su casa al terminar el último rosario, haciendo también una visita el día 12, el día del Pilar, en honor a la ya difunta Madre Pilar, abadesa del Convento en el momento de la fundación de la Cofradía y sin cuya intervención la donación de la imagen no habría sido posible.

Este año, por desgracia, no ha podido salir a la calle el Rosario de la Aurora. No obstante, los Rosarios si se han celebrado. El antiguo convento franciscano de San Joaquín ha albergado a Nuestra Señora de Gracia y Esperanza durante todo el mes de octubre este año. La imagen, de manera excepcional, ha vestido de negro en señal de luto por todos sus hijos difuntos este año debido a la Pandemia. Cumpliendo todas las medidas, los Hijos de María han celebrado la Eucaristía y el Rezo del Rosario junto a su Madre cada mañana de domingo más el día del Pilar con las primeras luces del día. Siguen fieles, y seguirán, a esa tradición que iniciaron hace ya 45 años, y han dejado claro que, pase lo que pase, la Esperanza es lo último que se pierde.

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