domingo, 9 mayo 2021
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Sevilla. El hombre que dibujaba a su Cristo Cautivo

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La devoción sin límite de José Román

Vivía en el Tiro de Línea, a su vera.

Lo conocí por sus obras, firmadas todas como Pepe Jorona. Me bastaba, pues mis ojos se posaban en los cuadros y me encontraba abstraído.

Más tarde conocí a José Román y entablamos conversación. Una buena persona, apasionada, meticulosa y devota, muy devota del «amarrao de Santa Genoveva».

No conozco a nadie que haya plasmado en tantas ocasiones el rostro del Señor que debía cruzar las vías del tren para acudir a su puntual cita con la Sevilla más castiza. Tras Él, un barrio entero. Y los milagros…

Imposible no recordar aquellas tertulias que mi abuelo mantenía con su círculo de amigos en el bar Europa, en la plaza del pan. Años setenta y ochenta y un niño que comenzaba a dar sus primeros pasos en sevillanía era saludado y pellizcado por los contertulios.

Salvador, el camarero, me servía el batido que me pedía mi abuelo, Carretón me daba una moneda para «mis caprichos» y Juanito Paz Vélez me contaba historias cofrades que aún perduran en mi memoria.

Paz Vélez… Recuerdo aquella ocasión en que Pepe, hermano de Juanito, participó en la tertulia. El canario sintió simpatía por aquel niño que mostraba tanto interés por lo que decía, y le contó que al pequeño que él había tallado a Jesús Cautivo. Magia…

Son recuerdos que retrotraen a un presente en que me emociono de nuevo al ser consciente de la constancia de Pepe Jorona, quien convierte su pericia con las distintas técnicas pictóricas en la silueta, rostro o detalles de aquel mismo Cristo que me fuera descrito en mi niñez.

Cada Viernes descubro una nueva obra de Pepe Jorona cuyo protagonista indiscutible es ese Cautivo que cautiva, con su mirada rota por lágrimas de sangre. Es el viernes del Cautivo, y una cita que no admite demoras tiene lugar, y me he convertido en testigo fiel de su encuentro con la Gloria.

Artista polifacético, meticuloso estilista, Pepe acude de un modo igualmente puntual a su cita dominical en el Paseo del Arte, en los dominios del Castillo de San Jorge, donde las callejuelas de la O ceden protagonismo a quienes hablan con sus obras más que con las palabras, pero los viernes los tiene reservados.

La amistad se ha ido consolidando a fuerza de «likes» a sus obras, un modo de comunicación en boga, adaptado a los tiempos, pero debo reconocer que es el viernes el día que espero para descubrir cómo su imaginación ha podido crear, de un modo diferente (y son cientos) una nueva visión del Rey de Santa Genoveva.

Soy un humilde narrador al que la vida le ha regalado bonitas experiencias. A fuerza de costumbre, he aprendido a hacer pronósticos.

Si esta larga colección de cautivos queda en el anonimato, no descansaré tranquilo, y tampoco Él lo hará, pues cada Lunes Santo le mira con cariño, y en esa mirada se encuentra concentrado Su reconocimiento y amor. Padre e hijo unidos por los trazos de un lápiz, los equilibrismos de un bolígrafo, o las pinceladas sobre papel, tabla o tela.

José Román, Pepe Jorona, aquí tienes a un amigo, aquí tienes mi reconocimiento, aunque nunca lo buscaste y quisiste permanecer callado en tu encierro.

Confío, sé, que Aquel a quien tanta fidelidad procesas, te sabrá recompensar en tu momento.

Para mí eres «el hombre que dibujaba a su Cristo Cautivo«.

Francisco Javier Torres Gómez

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